Fue
en noviembre del año pasado que el Gobierno comunicó el lanzamiento de
la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde, cuyo objetivo es ubicar a
Chile entre los principales productores del mundo. En ese momento, según
informa el Ministerio de Energía, existían 20 proyectos en el país. Hoy
son 60, alrededor del 25% de los que hay en el planeta, una cifra que
ratifica que se trata de una industria en pleno desarrollo.
Hace unas semanas, en Magallanes, se puso en marcha la construcción de
Haru Oni, la planta productora de Hidrógeno Verde más grande de
Latinoamérica, desarrollada por Highly Innovative Fuels (HIF) en una
alianza internacional en la que participa ENAP. Su recién inaugurado
piloto planea producir 350 toneladas de metanol y 130 mil litros de
eFuel, para luego seguir creciendo en las futuras etapas.
El
Hidrógeno Verde es parte del debate en el escenario global y local, lo
que obliga a explicar en qué consiste. La definición más sencilla y
completa es que se trata de un combustible generado a partir de fuentes y
energías renovables, como el agua, y que al ser utilizado no produce
gases de efecto invernadero, debido a que no posee carbono.
La
manera más sustentable de producirlo es a través de energía solar o
eólica, que en el país abundan en Antofagasta y Magallanes. Estas
ventajas nos permitirían lograr la meta de ser uno de los tres
principales productores del planeta.
El
mayor desafío que existe en la actualidad respecto del Hidrógeno Verde
es reducir sus costos de producción y así hacerlo competitivo frente a
los combustibles que se utilizan en la actualidad. Su costo actual por
kilo es, por ejemplo, superior al hidrógeno gris, producido con
gas natural, que corresponde a más del 90% de la producción mundial
actual y al que debería sustituir, provocando así una importante
reducción de emisiones. En Chile, el Ministerio de Energía ha planteado
la necesidad de que su valor llegue a US$ 1,5 en los próximos 10 años,
para transformarse en uno de los más competitivos del mundo.
Su
uso como metanol, gasolina sintética o amoníaco, puede reemplazar
muchísimos de los actuales combustibles que se utilizan en el tejido
industrial, reduciendo las emisiones y contaminantes, una de las tareas
más importantes en el combate contra el cambio climático y la polución.
La
industria, en general, lo considera una alternativa eficiente y
sustentable para relevar a otros energéticos, logrando productos con una
huella de carbono reducida o neutral que permitan alcanzar las metas de
reducción necesarias hacia el año 2050 y así aminorar los impactos que puedan surgir como consecuencia del cambio climático.
ENAP es parte de esta primera etapa de un proceso que tomará tiempo.
Cumple un rol impulsor, de generar sinergias con los proyectos dedicados
a la producción de Hidrógeno Verde en el país, participando en ellos
con infraestructura y la experiencia de su equipo de profesionales.
La
industria del Hidrógeno Verde y sus derivados quiere cambiar el mundo y
Chile se ha preparado para ser parte activa de esta revolución, con
Magallanes como uno de sus principales caballos de batalla. Es una gran
oportunidad, en la que debemos coordinar esfuerzos para materializarla y
disfrutar de sus beneficios.