En
la actual coyuntura en donde se ha desarrollado, por distintos actores
sociales, una situación de profunda reflexión en torno a conceptos
antropológicos, filosóficos e institucionales, en donde marchas
pacificas y también vandalismo ha desencadenado una serie de acciones,
es sin lugar a dudas parte importante de la historia contemporánea de
nuestro país.
Es
de esta forma que, por distintos sectores y también actores, han
surgido voces muchas veces febriles respecto a “el juicio de la
Historia” y el “accionar de los historiadores” respecto a la coyuntura y
su eventual registro.
Es
necesario comprender que la Historia como disciplina, es importante
recalcarlo, no es un tribunal de justicia ni tampoco un espacio para la
generación de vocerías de “superioridad moral” o de establecimiento de
“santos seculares”.
Debemos
recordar que la Historia como disciplina es el reflejo de la libertad
de las personas en su tiempo, espacio e ideas, es así como se van
conformando procesos de análisis, reflexiones que entregan una
comprensión del proceso, la generación de una visión y el sentir
respecto al pasado, elementos que van conformando un relato para
aquellos que, con distancia e interés, establecen un punto de partida
para la comprensión del pasado y su relevancia en el presente.
Aspirar
que la disciplina y quienes la cultivan tengan “rangos superiores” o
“voces para enjuiciar” es no comprender la esencia fundamentalmente
humanista. Es de esta manera que diferentes corrientes teóricas van
dando sustento a quienes van investigando y también generando visiones,
las cuales van obviamente reflejando conceptos antropológicos,
filosóficos y también respecto a la concepción de Estado y el rol de las
personas en sociedad.
Es
por ende, que el historiador va generando investigación y relatos,
transmitiendo parte de sus hallazgos en donde expone a pares, pero en
esencia a la sociedad, para su puesta en valor y críticas, no imponiendo
una visión sino por el contrario entregándola al escrutinio público. Es
por lo cual ser conscientes que las personas que generan este proceso,
es decir quienes asumen este desafío, son tan mortales como usted o como
yo, cometiendo errores y rectificándolos, exponiendo su visión de mundo
para interpretar procesos y a la vez reflejándolos desde esa
perspectiva.
Es
por lo cual que, comprendiendo sus limitaciones, no podemos asignarles
un rol de superioridad moral o de capacidad de enjuiciar procesos que no
se han estudiado y que evidentemente no tienen la distancia para ser
analizados, más aun dentro de generación de visiones que pueden ser
absolutamente contrapuestas pero realizadas con el rigor disciplinario
elemental para la generación de nuevo conocimiento.
Dentro
de la actual dinámica y coyuntura quienes cultivamos la disciplina
debemos de ser cautos, evidentemente nuestro rol pasa por verificar y
constatar cuando un hecho pasa a tener la categoría de histórico, pero
eso no nos da atribuciones para interpretarlos para satisfacer visiones
que justifiquen hechos vandálicos o de criminalidad, llevándonos a
registrar en forma seria diferentes hitos que a futuros investigadores
puedan aportar para comprender un proceso superior aun en desarrollo.
La Historia no está escrita, se generará dentro de comprensión de un
proceso mayor, la responsabilidad de quienes cultivamos la disciplina no
es justificar la lucha de clases, como tampoco pensamientos
totalitarios que nos llevan a perder la esencia misma de la humanidad.