El
Partido Comunista y el Frente Amplio consiguieron hacerse del Poder
Ejecutivo; lograron la Presidencia de la República. De verdad un mérito
para una trayectoria tan breve en política de éstos, y la coronación de
una larga espera del comunismo en Chile. La victoria fue amplia,
incontestable, aupada por los más jóvenes y las mujeres que aumentaron
en votación. Si antes el electorado femenino se inclinaba
mayoritariamente por candidatos conservadores, hoy pareciera que lo
hacen por los más liberales, lo que demostraría la penetración de la
llamada ideología de género, un constructo del marxismo para dividir a
la sociedad.
Por
otro lado, el resultado de las elecciones para el Congreso Nacional, no
fue tan positivo para la coalición que gobernará el país a partir del
11 de marzo del 2022. La derecha aumentó su votación en el Senado,
quedando en un empate con las fuerzas de izquierda. En la Cámara de
Diputados, dicha coalición no tiene mayoría absoluta, por lo que
requerirá llegar a acuerdos, lo que no parece tan dificultoso. Ahora,
dada la estructura del Poder Legislativo, para que una ley pueda nacer y
tener vida, requiere la aprobación de ambas ramas del Congreso, lo que
se vislumbra bastante más complicado que pueda lograr en el Senado. Así,
la piedra en el zapato para el gobierno de Gabriel Boric estará
precisamente en la Cámara Alta, que podría frenar todos los intentos de
establecer un sistema más socialista en lo económico, en lo social y en
lo valórico.
De
qué manera entonces el gobierno de izquierda que se viene el próximo
año, que como todo gobierno querrá traspasarle el poder a otro de su
mismo signo al término de su periodo, podrá evitar eventuales bloqueos
del Senado a sus proyectos de ley más socialistas. En la conjunción
ideológica y de propósitos entre el próximo gobierno y la mayoría de los
convencionales constituyentes, está la clave para desentrabar tal nudo.
La Convención Constitucional estará hoy más que nunca, tentada a
eliminar el Senado y establecer un régimen unicameral, es decir, dejar
en funciones sólo la Cámara de Diputados, para lo cual podría proponer
una amplia gama de derechos garantizados en la Constitución y la
eliminación de la Cámara Alta, de manera que los ciudadanos fijen su
atención en esos derechos antes que mantener el Senado y así proceder a
aprobar el texto constitucional que se proponga. Eliminado el Senado, a
la izquierda sólo le bastaría tener mayoría en la única cámara
legislativa y proceder a sus cambios radicales. Esta posibilidad de
suprimir el Senado está contemplada en la actual Constitución Política
en su artículo 138 inciso 2, que dice: “La Nueva Constitución no podrá
poner término anticipado al período de las autoridades electas en
votación popular, salvo que aquellas instituciones que integran sean
suprimidas u objeto de una modificación sustancial”.
El
establecimiento de una sola cámara legislativa no es una idea que
invente en esta columna, sino que ronda en algunos convencionales, aun
cuando en Chile no existe tradición unicameral, de manera tal que pueda
tomar mayor fuerza y así de pasada, allanar el camino al socialismo que
propugna el Partido Comunista y el Frente Amplio. Y si a tal diseño se
le agregan altos quórums para las reformas constitucionales con el fin
de afianzar el modelo izquierdista y refundar el país sin tener que
explicitarlo, se habrá iniciado casi oficialmente una etapa nacional
alejada de las libertades y el progreso que nos caracterizaron como país
y que fue ejemplo en Latinoamérica.