El Sename

A
nadie dejó indiferente lo vivido por un menor en un hogar del Sename en
Santiago el día que se conoció un video donde se escuchaban los gritos
del niño pidiendo auxilio por una situación que estaba viviendo al
interior del recinto.

Es
un tema que hemos trabajado desde hace años y que, en lo personal, ha
sido una constante preocupación sobre la forma en que abordamos las
temáticas de nuestras niñas, niños y adolescentes que no tuvieron la
suerte de tener un hogar o que, por razones diversas, están pagando
alguna deuda que tienen con la sociedad.

Tenemos
que ser claros en dividir bien los temas. Primero, una como madre, no
puede dejar de conmoverse con este tipo de hechos que quizás, son más
habituales de lo que pensamos y que no tienen la repercusión mediática
que tuvo esta situación en particular.

Como
segunda idea, como parlamentarios y sin distinción alguna, debemos
seguir trabajando en el proyecto de ley que divide al Sename en dos
instituciones completamente diferentes que estarán de igual forma
enfocadas en la protección de los derechos de los menores y
adolescentes, pero con perspectivas diferentes, como es el cuidado de
aquellos que necesitan la cobertura necesaria porque sus padres no se la
pueden brindar y de aquellos que deben purgar alguna pena judicial.

Y
tercero, es la reflexión que debemos hacer como sociedad: ¿tiene que
viralizarse un video para que nos acordemos de esos niños, niñas y
adolescentes que están en un hogar de menores? No se trata de culpar ni
empezar a realizar una cacería de brujas en contra de quienes tienen la
responsabilidad del cuidado de éstos, sino que hay que englobarlo dentro
un sistema que no está para nada funcionando desde hace mucho tiempo.

No
podemos sorprendernos cuando conocemos el testimonio de algún adulto,
que pasó por una casa de acogida del Sename, y que ahora es un
profesional exitoso y que cuenta su experiencia. Esa debiese ser la
normalidad de los casos y no un hecho aislado porque lo normal es que
nuestros hijos y nietos crezcan con igualdad de oportunidad y derechos,
se formen, sean cobijados por una familia o que el Estado ejerza ese
rol.

No
debemos olvidar que somos muy críticos como sociedad cuando politizamos
la educación y el cuidado de nuestros niños, niñas y adolescente.
Nuestra principal misión – y más aún para quienes tenemos cargos de
responsabilidad pública – es velar porque estén todas las condiciones
para el cumplimento de esa misión, de manera libre obviamente y sin
entregar mensajes erróneos con estereotipos que son parte de un grupo de
nuestra sociedad y no del bien común en general, que debiese ser el
destino final al que se están orientando nuestras políticas de infancia y
adolescencia.

Y en ese sentido, lo más importante es que de una vez por todas, saquemos adelante el proyecto que moderniza el Sename.

Quizás
voy a sonar repetitiva, pero no me cansaré de decir que siempre debemos
poner a los niños, las niñas y los adolescentes por sobre todas
nuestras prioridades, sin ningún tipo de exclusión.

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