¿Qué es de él? ¿Ustedes
saben algo? ¿Dónde está? ¿Qué le pasó? Se le extraña. Tanta, tantas
enseñanzas y, por ende, actitudes y comportamientos atribuidos a él.
Enseñanzas nada alambicadas y que modelaban la conducta y las prácticas
desde siempre. Enseñanzas desde las costumbres, desde las prácticas
consuetudinarias, tomadas desde distintas fuentes u orígenes. Es
curioso, enseñanzas sin alambicamientos sin supercherías baratas.
Enseñanzas sin pizarra ni tiza. Lecciones plenas de dignidad, lecciones
henchidas de humanidad.
¿Qué
es del sentido común? ¿Cuáles son algunos de sus componentes más
significativos? La armonía, la paciencia, la tranquilidad, el orden, la
disciplina, la serenidad, el equilibrio, la quietud, la paz, la equidad,
la paciencia, la sensatez, el entendimiento, el sosiego, la
morigeración, el tino, la empatía, en fin, la lista puede ser mayor.
¿Qué
ha sucedido? ¿Por qué el sentido común no comparece en la cotidianidad?
Permítanme algunas divagaciones. Antes éramos más comunidad, nada
perfecta, pero más comunidad, más familia. Insisto, no se trataba de la
perfección, pero había más humanidad. Primaba lo que hacía sentido a un
grupo de personas, a una familia, a una agrupación, a una mutualidad.
Solo hace unos días traje a mi memoria cómo a mediados de los cincuenta
me enteré de la existencia en Lebu de una “sociedad de socorros mutuos”,
¿por qué? Mi abuelo Enrique pertenecía a una sociedad de socorros
mutuos de artesanos, y así es como se reunían de tanto en tanto, y allí
compartían sus experiencias de trabajo, se asistían, se socorrían, se
ayudaban, ¿se entiende la idea? Su membresía implicaba una cuota mensual
que eventualmente les podría ayudar en emergencias como enfermedad,
invalidez o fallecimiento de sus integrantes. En este caso, uno más uno
sumaba más que dos, el resultado de su asociatividad era la fortaleza de
la sociedad de socorros mutuos. Hoy, actualmente, todo es
individualismo, todo se reduce a algo así como rascarse con sus propias
uñas. No es el caso de todos, pero sí de muchos. Hoy, el acto solidario,
fraterno, no pocas veces, es casual, y sí las más de las veces causal,
menos mal, agrego.
El
sentido común ha sido afectado por el yoísmo, por el individualismo. El
ensimismamiento reconcentrado ha hecho gran parte de la tarea, ha
incidido en el maltraído sentido común, ha hecho mella. Cada vez más se
resuelve con insistencia, con pertinacia, desde
la perspectiva de un individuo, por sí y ante sí. Muchas veces, y a
modo de ejemplo, una persona negocia, pacta, conviene y se allana a
concertar acuerdo, convenio o contrato, de súbito y sin mediar asesoría,
asistencia o consejo. La idea es no envanecerse, no ser soberbios. El
temple, la templanza son primos, sí han de concurrir a esta cita del
sentido común. La moderación, la sobriedad y la continencia les siguen.
Desde
hace ya un buen tiempo el sentido común se ha ausentado de nuestras
citas, de nuestros encuentros, de nuestras reuniones, de nuestras
conversaciones. Ubi es? ¿Dónde estás? Te necesitamos. Vamos por parte.
Te prometemos ser menos ajenos, ser más comprometidos, ser más humanos,
ser más hermanos, y, así, más
próximos. Eso sí, es un compromiso de dos. En esta práctica nos debemos
comprometer al menos dos. ¡Construyamos nostridad! Esa es la tarea.