Mañana
y pasado mañana se efectuarán las elecciones de gobernador regional,
figura inédita en la administración del Estado, que de alguna manera
dará más autonomía a las regiones al elegir a su primera autoridad. Para
estos efectos, los medios de radio y televisión locales realizaron
debates entre todos los candidatos por Magallanes, que es la instancia
para que los ciudadanos se vayan formando una opinión del pensamiento y
el talante de cada uno de los aspirantes. Es propio de una democracia
que quienes pretendan ocupar cargos de elección popular confronten sus
posturas ante sus competidores, lo que profundiza precisamente la
democracia y hace a los electores partícipes de las decisiones
colectivas.
En
nuestra región, sin embargo, un candidato piensa que nada de esto es
importante; cree que confrontar a los demás de manera pública y
transparente no es necesario porque las encuestas que maneja dicen que
va primero en las preferencias. La práctica de no asistir a debates es
propia de aquellas mañas políticas que ya no quisiéramos ver nunca más
en personas que dicen querer representar a una comunidad, mas se
esconden bajo el manto de las encuestas.
Cuando
un candidato no asiste a debates públicos menosprecia a las personas,
al reducirlas solo a votantes, a un número que le servirá para lograr un
puesto bien pagado en el Estado. Menosprecia a sus contrincantes, pues
de alguna manera les hace aparecer que no están a su altura; que es más
importante que todos los demás; que hagan lo que hagan, jamás siquiera
llegarán a su altura. Cabe preguntarse, entonces, si Magallanes necesita
a una persona que no es capaz de confrontar sus ideas con los demás,
con la agravante de que el cargo está destinado a defender los intereses
de la región ante el resto del país y, sin embargo, no es capaz de
defender sus propias ideas y proyectos frente a los demás.
Como
simple ciudadano y habitante de esta región es molesto constatar que
una persona privilegie lo que supuestamente las encuestas dicen, antes
que las personas. Ya sabemos que cuando
fue intendente regional, el señor Flies, rodeado de gentes que deseaban
no se realizaran tronaduras en Mina Invierno, sucumbió ante la presión
de esas mismas personas y les dio el gusto. Ya vemos entonces que más
allá de los intereses de la región, el exintendente antepone lo
mediático, lo que nos da un índice del tipo de gobernación que haría
dicho candidato. Si las encuestas dicen mañana que se debe hacer tal o
cual proyecto, aunque a la larga sea perjudicial para la región, ya
sabemos que el señor Flies hará primar las encuestas. Tendríamos un
gobernador preso de las encuestas, de los índices de popularidad, de lo
que “la calle” diga.
Este fenómeno de la inmediatez que afecta a la política chilena llegó a nuestra región de la mano del exintendente Flies. Sabemos que muchos
políticos opinan en consonancia con todo aquello que parece “popular”,
que da votos. Si los políticos no se toman en serio esta actividad, y no
asistir a debates es no tomar en serio y con rigor la política,
entonces no debemos esperar que los ciudadanos tomen en serio a los
políticos. Esto ha ido creando una relación de conveniencia: ya que el político se rige por las encuestas en su actuar y no por los intereses
de sus representados, entonces los ciudadanos presionarán en las calles
para que se haga su voluntad, aunque sean pocos, lo que hará a su ve,
que el político se retroalimente.
Frente al silencio de Flies está el silencio de quienes no queremos políticos que callan frente a los electores.