Sigmund Freud, el médico
austriaco que es considerado el padre de la psicología, señaló que la
psiquis o la mente del ser humano está compuesta por tres áreas: Ello,
Yo y Superyó.
En
el Ello se sitúan los instintos o los deseos de gratificación más
básicos que existen en el ser humano y se rige por el principio del
placer. Tiende a satisfacer las necesidades fisiológicas inmediatamente y
sin considerar las consecuencias.
El
Superyó es la parte que contrarresta con el Ello y representa los
pensamientos morales y éticos aprendidos en una determinada cultura.
Este actúa como un “guía” para el Yo, alertándolo sobre lo que es o no
moralmente aceptado, de acuerdo con los principios que fueron
internalizados por la persona a lo largo de su vida.
Todas
las acciones que lleva a cabo los seres humanos son analizadas por el
Yo. Este tiene como finalidad cumplir de manera realista los deseos del
Ello y a la vez conciliándolas con las exigencias del Superyó.
La
mejor imagen sobre lo recién señalado es lo que se ha visto en el
cine, televisión o revistas. Donde aparecen un ángel (Superyó) y un
demonio (Ello) discutiendo entre sí para convencer a la persona (Yo)
para que realice o no una determinada acción.
Las normas o reglas (internalizadas en el Superyó) son directrices
que influyen en un grupo y tienen la función de definir qué es correcto y
qué no lo es. Sirven para controlar conductas que pueden ser
destructivas, tanto para las personas como para los demás. Las normas
hacen que la convivencia entre las personas sea posible y más armónica.
Por ejemplo, las leyes del tránsito sirven para que no haya caos en el
tráfico.
Es
fundamental desarrollar en los niños el Superyó, lo que es lo mismo que
enseñarles normas o reglas y el cumplimiento de estas como, por ejemplo:
desde muy pequeño ponerle un horario para las comidas. A medida que
los niños crecen podrán tener un papel más activo en cuanto al
cumplimiento de normas y reglas, así como en las consecuencias de no
cumplirlas. Esto les dará la oportunidad de asumir sus propias
responsabilidades.
Cuando
las reglas son claras, los niños y adolescentes aprenden dónde están
los límites y sabrán qué es lo que se espera de ellos. Las reglas les
enseñaran a los niños a vivir con los demás respetando e integrándose en
el grupo, ya sea en la familia, en el colegio o con sus amigos. De esta
forma, cuando lleguen a ser adultos podrán estar bien consigo mismo,
sabrán relacionarse con los demás de forma sana y positiva. Además, así
aprenderán a ser buenos ciudadanos.
El
mejor método de enseñanza para los niños es dando el ejemplo: si se
saluda a los otros, si se dan las gracias si abren la puerta, si se
pide perdón cuando se comenten errores o si se pone atención a la otra
persona cuando explica algo, ellos interiorizarán ese aprendizaje y lo
considerarán como algo normal.