Para quienes disfrutamos el futbol a través de la TV y como niños nunca
tuvimos la pericia de dominar un balón contando hasta diez, nos resulta
extraño que hasta en Magallanes, se celebré como un triunfo el no caer a
los Potreros. Esta euforia representa para muchos un espacio de
liberación, una alegría en medio de la pandemia, el ajuste en la pega o
la reducción salarial. Con todo, también oculta la responsabilidad de
su dirigencia, los sueldos no justificados, las contrataciones de última
hora a la espera de un milagro, que llegaría de las manos de Esteban
Paredes, El Mago Valdivia o Matías Fernández. Es que la crisis de Colo
– Colo, representa muy bien lo que somos como país, nuestra incapacidad
permanente a reconocer la realidad, y lo que es peor, desconocer que ni
siquiera tenemos los instrumentos para tratar con ella.
Que
distinta fue la reacción de la afición alemana después de su
eliminación en el mundial, hubo grandes escenas de histeria colectiva
no, hubo cambio de Entrenador no, se modificó el trabajo con la
divisiones inferiores no. Por el contrario, se confió en una modalidad
de trabajo consistente y persistente, que no espera que cada cierto
tiempo surja una generación dorada consecuencia de alguna afortunada
constelación astral, pero que su sistema de formación, selección y de
juego terminará por dar resultados.
El pueblo de Chile, que gusta del fútbol, los colocolinos que sufren
el presente que vive su club, que han tenido un año para olvidar,
merecen algo mejor que un pobre sucedáneo para celebrar, tienen derecho a
que se les exponga una nueva organización, seria, equilibrada, que no
recurra a la sola emocionalidad, sino que se les den buenas razones que
al menos expliquen estos magros resultados.
Los
últimos partidos han sido en realidad una sucesión de eventos más
próximos a un reality, con un nivel que en realidad, por momentos, nada
tiene de espectacular a los partidos que hemos visto en nuestra modesta
Punta Arenas, en La Bombonera o en el Estadio Regional. Luego, el temor
de los hinchas a descender a “Los Potreros”, era fundado, porque el
equipo viene funcionando con mayor grado de improvisación
y de aplicación que el que hemos visto en nuestras canchas o potreros
de provincia, con estas series inferiores hay que tener más respeto, no
verlas en una odiosa relación de jerarquía, porque de esas canchas han
surgidos grandes estrellas nacionales e internacionales, más aún, todos
ellos en algún momento han pasado por el potrero.
Sin ser un experto, sino que un simple diletante del espectáculo,
me atrevo sólo a sugerir que, el temor al descenso con noventa y cinco
años de historia, le debe enseñar a esa dirigencia, entrenadores y
jugadores algo arrogantes, a ser algo más humildes, a valorar el trabajo
de sus series inferiores, si aún existen, definitivamente se debe
asumir que Colo Colo es más que sociedad anónima, concita la adhesión y
las emociones de muchos chilenos, que merecen mayor consideración y
respeto. El apoyo incondicional de la sufrida hinchada debe servir de
motivación para construir una mejor organización y lograr mayores
rendimientos, si nada cambia tendremos años para confiar en que surja
una nueva generación dorada. O sea, deberíamos esperar un milagro y el temor a los potreros de nada habrá servido.