El tercer retiro y la buena política

El
22 de abril del año 2016 en el frontis del Cementerio General, en
Santiago, se realizó el último responso en los funerales de Estado con
que despedimos al ex Presidente de la República, Patricio Aylwin Azócar.
En esa oportunidad yo era la presidenta de la Democracia Cristiana y me
correspondió el honor de entregar unas palabras en nombre del partido. A
continuación, comparto unos pasajes de mi intervención.

“En
momentos en que resulta más fácil atacar que construir, nuestro deber
es recuperar la confianza de los chilenos y chilenas comunes y
corrientes, esos que madrugan y trabajan con esfuerzo día a día, y que
están decepcionados de lo que estamos ofreciéndoles como clase
política”.

Traigo
esto a colación porque me acordé de estas palabras el jueves recién
pasado cuando me tocó fundamentar mi voto a favor de un tercer retiro de
los fondos previsionales. Tal como dije ese día en el hemiciclo, más
allá de que echar mano de los ahorros de las y los trabajadores no puede
ser considerado una política pública, porque se trata de un último
recurso ante la tardía y parcial respuesta del Gobierno, también da
cuenta de un fracaso colectivo.

En
primer lugar y, como ya dije, se trata del fracaso del Gobierno que no
ha querido entender la magnitud de la crisis que enfrentan miles de
familias chilenas, en especial de la gran clase media, que han visto
mermados sus ingresos y a las que se somete a un laberinto burocrático
para postular a las ayudas estatales para las que finalmente no
clasifican. No está de más pedirle al Presidente Piñera, nuevamente y
ahora desde esta tribuna, que no recurra al Tribunal Constitucional y
patrocine este tercer retiro.

También
es el rotundo fracaso de las AFP, un sistema que durante décadas se ha
negado de manera contumaz a hacer la más mínima concesión y a las que
solo inspira un afán insaciable de ganancias a costa de las y los
trabajadores. En lo que no han escatimado recursos es en campañas
publicitarias donde le han dicho a sus afiliados que los ahorros
previsionales son “sus lucas” y hoy rasgan vestiduras porque la gente
apela a los retiros señalando que ese dinero les pertenece. Un efecto
boomerang que no vieron venir.

Pero
con la misma franqueza sostuve que también se trata del fracaso de la
clase política, quienes no hemos estado a la altura del momento que
enfrentamos y nos hemos sumido en una guerra de trincheras sin sentido
que no ayuda en nada a solucionar los problemas que aquejan a las
familias chilenas. El hecho que se avecine un gran ciclo electoral, no
puede significar el desatar una ola de populismo donde el “todo vale”,
el “quién da más” y el “ofertón” de último minuto, se convierta en la
receta. Alguien incluso propuso restaurar los fondos retirados, cuando
todos sabemos que eso no es más que una mentira descarada.

Vuelvo
al comienzo y recuerdo la figura de Don Patricio, un hombre y un
estadista que siempre supo mantener la rectitud en su vida publica y
privada, cuyo ejemplo parece extraviado, pero que, a quienes creemos en
la buena política, nos corresponde rescatar en la acción y la palabra.
Cuando la pesadilla de la pandemia acabe y hayamos emprendido la ruta
hacia una nueva constitución, la única ruta que tendremos para construir
un Chile para todas y todos, será la del diálogo sereno y generoso. Es
el camino más largo y difícil, pero es el camino correcto.

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