Ya
se está haciendo una costumbre el millonario tráfico de drogas en la
Región de Magallanes. Hace una década era algo que veíamos muy lejano,
pero ahora se ha instalado como un ilícito recurrente, la cual incluso
durante la pandemia no paro, muy por el contrario, pareciera que se
incrementó.
Hace
un tiempo fue una ciudadana extranjera la que intentó ingresar más de 2
kilos de cocaína. Hace unos días fue otra persona enviada a la cárcel.
Las drogas siempre han generado debate y son punto de interés respecto de varios temas.
A
partir de 2011 se registra una tendencia al alza en el consumo en
Chile, pues dicho porcentaje subió a casi 32%, y, según las últimas
cifras, a un nuevo máximo histórico de 392%.
Son
numerosas las propuestas de legalizar el autocultivo de la marihuana y
dejar de calificarla como droga ilegal, en sintonía con los cambios que
se impulsan en otros países.
Quienes
están a favor profundizan sus argumentos en que los costos asociados a
la adicción de algunos serían contrarrestados por los grandes ahorros de
recursos públicos que se conseguirían al dejar de perseguir penalmente
su consumo y tráfico, los ingresos por impuestos y los menores riesgos
en seguridad, propios de su comercialización clandestina, y en salud,
que un mercado regulado se supone lograría.
Y por el contrario, hay amplio consenso sobre lo negativo que resulta su consumo por parte de menores de edad.
Al
predecir qué ocurriría en Chile de regularse como droga legal es la
trayectoria que ha tenido la venta regulada para adultos y prohibida
para menores de otras sustancias, tales como el alcohol.
Según
las últimas cifras, seis de cada 10 menores declaran haber consumido
alcohol en el último año, y más de un tercio de los escolares en el
último mes.
De
esa forma se confirma que en Chile persisten desafíos importantes en
hacer valer las normas existentes, por una parte, y en el despliegue
masivo de programas preventivos eficaces.
Hoy
lo cierto es que ninguno de los últimos 6 gobierno ha podido detener el
tráfico de drogas, muy por el contrario, este se ha masificado y
nuestras policías hacen su mejor esfuerzo por detenerlo, pero es hora de
hacer políticas públicas mucho más duras, leyes que sean
ejemplificadoras por sobre todas las cosas y si esto no se detiene ahora
no se podrá detener en el futuro.