El triunfo

El
triunfo de Claudio Orrego, por la Gobernación de la Región
Metropolitana, admite al menos diversas lecturas, el tiempo dirá si
permite una cuota de realismo político y contribuye a la humildad o si
por el contrario, nos recordará las célebres palabras de Radomiro Tomic,
“Cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana”, porque
resulta indudable que sin los votos de todos los partidos de Unidad
Constituyente y de la derecha en las comunas del rechazo, gana Karina
Oliva y se pierde Claudio Orrego.

A
su vez, el pragmatismo político de la derecha y su serenidad de juicio
les permite un respiro, transformar una derrota en una oportunidad, pues
su voto pesa y compromete, y si bien no les permite ganar les impide
sufrir lo que perciben como un descalabro mayor. Un gran desafío para
la Democracia Cristiana, un momento de definiciones en que arriesga el
estigma o definitivamente asume el compromiso con la centro izquierda y
por los cambios, ya no se trata de alianzas puramente tácticas para
obtener un resultado, sino que enfrenta un momento de definiciones, pues
un barniz de primarias con Paula Narvaez, no tiene sentido ni
posibilidades de ser una gesta democrática con amplia participación, en
este contexto no hay que temerle a la cocina, pues de lo que se requiere
es de definiciones oportunas que eviten la desorientación y la
incertidumbre.

Un
retraso en la toma de decisiones, dilatar y perder el tiempo, pone en
riesgo esta oportunidad y que el triunfo de Claudio Orrego, se
transforme en una victoria pírrica que aísle aún más a la Democracia
Cristiana, al conjunto de los partidos de centro izquierda de la ex
concertación, relegándolos al olvido, por su indefinición. Tiempo que se
va no vuelve, y sólo depende de los partidos de Unidad Constituyente,
que este resultado sea un episodio, un “veranito de San Juan”, que
transcurra sin pena ni gloria, los últimos pataleos de un ahogado o si
tiene perspectiva de futuro, corrigiendo los errores del pasado y
abriendo

los espacios para un nuevo pacto social que recoja las inquietudes de
la gran mayoría de los chilenos en el contexto de un debate
constitucional que recién comienza.

El
próximo gobierno, cualquiera sea su signo, enfrentará tiempos duros,
estrechez económica, movilizaciones sociales y un intenso debate de
principios y valoraciones sociales, no es tiempo de frases de estilo y
la búsqueda de la identidad perdida, en realidad ningún partido, si no
quiere asumir el suicidio político o la muerte súbita, puede aferrarse a
concepciones sacrosantas, inmutables, imponer vetos o levantar la
bandera de la intransigencia. Por el contrario, los cambios no pueden
esperar, ningún gobierno puede asumir el riesgo de un nuevo estallido
social, máxime si en el futuro no estará disponible la alcancía de las
AFP y los fondos previsionales.

El
triunfo de Claudio Orrego es quizá la última oportunidad, para que en
el corto plazo prime la sensatez y el reordenamiento de las mayorías que
se requieren para los cambios que el país demanda, promoviendo la
unidad de todos, sin exclusiones, tras un programa de gobierno,
realizable,

conocido por todos, consensuado y que cuente con el apoyo y el
compromiso de los mejores para su adecuada ejecución, caso contrario, ni
Santa Yasna les salvará y el próximo estallido social estará pleno de
plegarias y lamentaciones, sin que esta vez nadie pueda decir que no lo
vio venir.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS