El valor de la constitución

El
valor de la Constitución, es diverso para cada uno de los seres humanos
y con prioridades diferentes, dependiendo por ejemplo de nuestra
crianza, del entorno sicosocial, de la formación y profesión, de las
propias ideas políticas y convicciones, en fin a los criterios que se
van conformando y dando forma a cada personalidad, pero sin duda que
hay algunos que se entienden como más fundamentales por una amplia
mayoría de los y las ciudadanas en el mundo entero, Son los que de una
manera muy singular revaloramos o enfatizamos a partir de la
movilización social de octubre, es lo que la gente que se manifestó
activa y públicamente, pero también los que votaron apruebo han
señalado como ausentes en nuestra actual Constitución o indebidamente
resguardados en la misma como por ejemplo, la libertad, el derecho a una
vida digna, la educación accesible a todos y de calidad, la democracia,
el derecho a una justicia eficaz y eficiente, y algo que muchos
“postergaron” el derecho a vivir en paz, desde siempre la violencia sola
genera más violencia y abusos, no importa quién la aplique, lo mismo
ocurre con el uso irracional y desmedido de la fuerza.

Sobre
todo considerando que como sociedad y Estado hemos reservado el uso de
las armas a las fuerzas armadas y a las policías. Unas para proteger el
resguardo de nuestra soberanía, las otras para mantener el orden
público, reprimir la delincuencia, narcos incluidos, en fin para
preservar la paz social.

Un
Estado tiene que ser democrático, para aquello debe dar participación y
escuchar a todos, reconocer principios básicos, que a veces no están
escritos, pero que la vida y práctica democrática dan por existentes, es
decir los derechos, que existen en la medida que tienen su
contrapartida esencial en los deberes ciudadanos, es evidente la razón
entre derechos y deberes es bidireccional, no son posibles aislados unos
de otros, nadie tiene sólo derechos o sólo obligaciones, ambos son
cambiantes y dinámicos, cada época, cada tiempo va generando
nuevos
derechos y por cierto nuevas obligaciones, esto es tan dinámico como la
vida misma, ¿alguien en los años 80 podría exigir conexiones digitales
accesibles y garantizadas para todos?, cuando recién daba sus primeros
pasos, lo que hoy nos parece como indispensable, hace sólo 30 era
excepcional tener una dirección electrónica o mandar o recibir mensaje,
la gente aún se maravillaba con un fax, hoy nos parece tan necesario y
vital, como lo fue el agua potable en cada hogar en los 50. Estamos
frente un nuevo ciudadano, de diferentes status, con problemas nuevos
por resolver, en un tiempo que apremia, en que todo se espera a la misma
velocidad de las interacciones digitales,

Pero
al igual que ayer, estos derechos que llamaremos emergentes, tienen
que enfocarse en la dignidad de las personas, buscar el bien común, el
respeto al ser humano, hacer el contrato social, como decía Rousseau y
como establecieron algunos teóricos, el justo medio, la voluntad
general, el acuerdo primordial para que una sociedad tengan principios y
cimientos democráticos profundos y coherentes.

Nuestra
sociedad del 2021, especialmente en nuestra región, tan dispuesta a
responder con solidaridad y fuerza ante justas demandas debe incluir el
concepto a la integración, que no sólo es integrar a las personas con
discapacidad, sino que integrarnos todos como sociedad. Reconocer-nos
entre nosotros, a las personas en situación de calle, a los más
vulnerables, a los que menos tienen, restituir la vida política
propiamente tal, puesto que demasiados piensan o creen que la vida
política es necesaria para un conjunto de personas que sólo zanganean al
estado y no le dan el valor de servicio público que la política debe
tener, hay “políticos” que con sus dichos y sus actos hacen que a vece
s así sea efectivamente.

Sí,
hay políticos que han cometido errores y delitos, lamentablemente
nuestro ordenamiento jurídico y nuestra justicia han sido demasiado
tolerantes, se ha permitido hacer y deshacer, a estos personajes, sin
ningún control efectivo, a lo más multas ridículas, en comparación a los
daños y clases de ética.

La
nueva construcción, la nueva casa de todos, la constitución, debe
reparar estas faltas, o no servirá de nada todo lo sufrido, lo trabajado
y lo marchado, ahora más que nunca los legisladores deben aprobar leyes
justas, pero sancionatorias, los fallos deben ser oportunos, justicia
que tarda deja de ser justa.

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