Con inscripción
automática y voto obligatorio votó el 85% de las y los ciudadanos en el
plebiscito de salida que rechazó la propuesta constitucional. Esta gran
participación en las urnas le da una gran legitimidad al resultado y a
las instituciones republicanas. Pero nada dice, al ser obligatorio
sufragar, sobre la cultura democrática de la sociedad chilena.
En
procesos anteriores, con voto voluntario, la participación estaba entre
el 40% y 50% de la ciudadanía. Es decir, en promedio, la mitad de los
votantes que el domingo 4 de septiembre de 2022.
¿Nos
debiéramos quedar tranquilos y ser autocomplacientes con 85% de
participación? Ciertamente no y por ello debemos mirar el rol de la
educación en la consolidación y fortaleza democrática de nuestro país.
Desde
hace años que el modelo de educación está en disputa. Por un lado, el
tradicional de carácter jerárquico y autoritario y, por el otro, la
escuela democrática y participativa.
Quienes
abogan por la primera patrocinan una disciplina estricta y punitiva
para dotar a los y las docentes de autoridad y respeto por parte de sus
estudiantes. Justifican su posición señalando que se ven a sí mismos
como producto de dicho modelo educativo y se muestran autocomplacientes
con el resultado.
El
modelo de escuela democrática es aquel que, desde los primeros niveles
de la educación formal hasta las aulas universitarias, la conducta
diaria, y recalco, diaria, de adultos, niñas, niños y jóvenes entienden
la convivencia basada en la participación, solidaridad, diversidad,
inclusión, libertad y cooperación.
En
Fundación Semilla tenemos la convicción de que la democracia no se
enseña, se practica todos los días y a partir de ello se va conformando
una cultura democrática que muy pronto trasciende los límites de la
escuela e irradia a la sociedad en su conjunto.
Ser
una escuela democrática no es fácil. Requiere de cultura y vocación
democrática del mundo escolar adulto y sobre todo… ¡paciencia y
templanza! Más aun cuando se está enfrentando un modelo jerárquico y
autoritario. Construir democracia es desarrollar en las y los
estudiantes pensamiento y actitud crítica y reflexiva frente a las
situaciones que enfrentan; incentivar el diálogo y atreverse y permitir
que se equivoquen.
El
mayor obstáculo para una escuela democrática es el Currículum Nacional
del Ministerio de Educación, que prioriza la transmisión de
conocimientos en vez de priorizar la formación integral de la persona.
Mientras los incentivos estén puestos en el rendimiento en las pruebas
estandarizadas y en la competencia entre estudiantes y establecimientos,
la escuela democrática quedará relegada a ser de segunda o tercera
categoría.
Chile
demostró no estar preparado para el voto voluntario y reconozco que yo
era uno de sus propulsores. No basta con la buena intención ni dejar que
la política entusiasme a sus electores. Es clave para la construcción
de una sociedad más democrática reconocer y tomar acción para darle
valor a la democracia en la escuela.