El valor de los sueños depende de la actitud

A pesar de que el devenir de la humanidad es un continuo que no admite interrupciones, pareciera que cada generación tiene su propia historia, objetivos logros y fracasos que dejar para la posteridad.

En el caso de las generaciones mayores actuales, es probable que muchos recordemos el trascendente legado dejado por padres o abuelos y relacionados con una guerra mundial, una bomba atómica en Hiroshima, revoluciones populares de diversa índole, la masiva irrupción del movimiento hippie con su poesía, música y rebelión a cuestas, elecciones de presidentes con distintas orientaciones, y sucesos más o menos significativos que, sumados, dieron forma, contenido y proyección a nuestras vidas y ahora forman parte de una memoria colectiva e individual, causándonos un amplio grado de conformidad y/o disconformidad. Puestos en una balanza, el fiel seguramente se posará sobre el punto de equilibrio dado por historias contadas y calladas, que resaltan un equilibrio de lo bueno y de lo malo. Un mosaico de la vida constituido por sueños y actitudes blancas y negras.

Los sueños juveniles de los ahora adultos pueden haberse cruzado, aunque parcialmente, con aquellos de los generaciones de nuestros hijos e hijas y, para algunos y algunas, de nuestros nietos y nietas. Pero los resultados que estamos observando en las distintas esferas del quehacer local, regional y mundial, sólo son resultado de nuestras grandes o pequeñas decisiones.  Nuestros sueños, que en algún momento pudieron ser “ideas fuerzas” para nuestras vidas, seguramente descansaban en el mensaje a veces progresivo, otras conservador, audaz en ciertos casos pero censurador en otros, de nuestros propios padres, madres y abuelas(os). Es probable que nosotros hayamos relativizado el sueño de nuestros ancestros directos y hayamos modificamos la actitud de ellos, transformándolos en modas o encasillándolos en el buzón de los errores.

Esperamos ser capaces de dejar un mensaje que no decepcione a los jóvenes y niños de hoy y que la sociedad en su conjunto pueda sentir que los mayores hicimos un aporte real para dejar un mundo más justo, más solidario y alejado del egoísmo y la ignorancia. Un mundo en donde la libertad siga siendo el motor de la humanidad, libre de prejuicios y dogmas. Debemos ser capaces de dejar un mensaje de fraternidad y tolerancia, que hable de esperanzas y posibilidades abiertas, de un ambiente con futuro, con el hombre incluido, en nuestra sociedad cercana y en nuestra Patria. En este plano y en palabras del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, optamos libremente por seguir dejando un legado construido por personas que asumen la práctica y conducta de los altos valores de la fraternidad, la tolerancia, la filantropía, la libertad de conciencia, los derechos humanos, la rectitud, la prudencia, el diálogo, la paz y el respeto a la ley y el patriotismo.

Estos sueños deben ser compartidos con las generaciones que vienen, nuestros hijos aunque en mayor medida nuestros nietos, para abordar los desafíos como país y sociedad sin prejuicios ideológicos, morales y políticos. Al fin, la idea es Preservar la Condición Humana a partir del establecimiento de acuerdos morales, producto de la dialéctica y el consenso, lo que dará luces acerca del obrar humano, en un plano de virtud o en el plano del error.

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