A
solo 10 días de la segunda vuelta presidencial, tanto Boric como Kast
adaptan sus programas con nuevas propuestas y enfoques para llegar a un
electorado que tuvo una opción distinta o que sencillamente no voto en
noviembre. Ambos no solo representan ideas y valores diametralmente
opuestos, sino también una tendencia en clases etarias marcadamente
diferentes. De acuerdo al estudio de Decide Chile, Gabriel Boric obtuvo
mayoritariamente más votos entre los menores de 30 años, mientras José
Antonio Kast concentraba su votación entre los mayores de 50. Sin
embargo, ambos por sí solo no ganan y hoy deben hablarle a una
ciudadanía heterogénea.
Gabriel
obtuvo casi el 26% de los votos, pero las candidaturas de oposición en
total marcan un 46%. Por ello tiene la gran misión de capturar los votos
principalmente de Provoste y Marco Enríquez-Ominami, que lograron
captar la votación de grupos etarios sobre 50 años. Un electorado de
centro con personas conservadoras, que desean estabilidad social y
política, con desafíos y objetivos distintos a la juventud que
representa Boric. Pero pese a que capture todos los votos de la
oposición, aún le falta una diferencia para asegurar el triunfo. Por su
parte, Kast con su 28% debe asegurar los votos de Sichel, que obtuvo un
13%, y que representa a personas de una derecha partidista, de centro,
principalmente adultos jóvenes. Kast deberá hablarle a esa ciudadanía
que es más liberal, demandante de estabilidad, seguridad y paz social.
Pero aun juntando todos los votos a Kast tampoco le alcanza para ganar
la presidencia.
Por
lo anterior, todas las miradas y esfuerzos están en tratar de capturar
los votos de Franco Parisi, candidato del Partido de la Gente, que
alcanzó el 13% de los votos en primera vuelta. Novecientos mil votos que
difícilmente pueden clasificarse en el espectro político tradicional y
que con toda seguridad podrían definir quién será el próximo Presidente
de Chile. No son de derecha, pero tampoco de izquierda. Es una
ciudadanía mayoritariamente joven que pretende que el fruto del esfuerzo
de su trabajo y su sacrificio personal le permitan disfrutar de un
mejor y estable pasar económico ahora mientras son jóvenes. Son personas
que se comunican principalmente por redes sociales. Son migrantes que
vienen huyendo de la pobreza y el estancamiento social, y que han visto
en Chile una tierra para concretar el “sueño americano”, y demandan
estabilidad económica y social para ello. Son los votantes que
constituyen las mareas de votos que han ido de Bachelet a Piñera sin
arrepentimientos ni contradicciones éticas ni políticas.
Esta
postura más económica e individualista del electorado Parisi tiende a
descolocar y confundir a los partidos y militantes de una izquierda más
ortodoxa. Descalificativos y prejuicios de todo tipo se esgrimen en su
contra. Sin embargo, son chilenos y chilenas que demandan ser escuchados
y es deber de Gabriel Boric tratar de convocarlos y representarlos.
Asistir al programa BadBoy no es validar la conducta de Parisi, menos
aun exponerse a una encerrona, debe ser solo asumida como una
posibilidad para hablarle a un electorado diverso, una oportunidad de
marcar diferencias y buscar puntos de encuentro con la gente no con el
excandidato, una forma de demandar derechos de infancia y
responsabilidad paternal, una oportunidad de presentarles nuestras ideas
e invitarlos al Nuevo Chile. El que quiera que se sume.