La última semana de diciembre del año pasado, la Presidenta Michelle Bachelet promulgó la reforma constitucional que permite por primera vez que la máxima autoridad de la región, los Intendentes o Gobernadores Regionales, sean elegidos a través de votación directa de los ciudadanos.
En su discurso la Presidenta señaló que se trataba de un acto de justicia, un paso histórico en materia de profundización democrática, ya que posibilita algo que parece lógico, pero que no lo ha sido hasta ahora: que las propias personas elijan a sus autoridades, sean los gobernadores regionales, consejeros regionales, alcaldes o parlamentarios.
El camino recorrido para que esta iniciativa se transforme en realidad este año ha sido muy pedregoso. Esta semana entró en tierra derecha su discusión en el Parlamento. Por de pronto tanto la Bancada de senadores y diputados de la Democracia Cristiana han entregado su total apoyo a la iniciativa, sin embargo, es lastimoso escuchar las justificaciones de otros parlamentarios y dirigentes políticos para oponerse a su aprobación.
Desde la dificultad de concordar candidatos únicos a gobernador, con dos abanderados oficialistas compitiendo en primera vuelta, hasta lo expresado por el presidente del PPD, Gonzalo Navarrete, quien señaló que tiene que haber condiciones políticas y de gobernanza, que los partidos deben garantizar que el Estado esté en condiciones de implementar la reforma. En síntesis un sin fin de argumentos -algunos falaces– están dando la espalda a esta iniciativa largamente anhelada por las regiones. Lo cierto es que a partir de esta fecha veremos quienes de verdad están por apoyar el proceso de descentralización y dejar atrás los temores a liderazgos emergentes.
Las regiones hemos esperado largamente tener autonomía para resolver nuestros propios conflictos y fijar nuestros propios desafíos. Por desgracia, el debate acerca de cómo abordar el desafío de descentralizar el país se toma en Santiago. Quiénes tienen que tomar medidas a favor de las regiones y la necesaria descentralización, lo hacen desde la comodidad del centralismo y desde los beneficios de poder que les otorga tal situación.
Llevamos dos siglos de historia en función de un modelo que gira en torno de un centro político, administrativo y económico: Santiago. Allí se han tomado todas y cada una de las decisiones que afectan a todo el país. Es bueno recordar que Chile es el único país de la OCDE que no elige a sus autoridades regionales, tenemos desigualdades sociales y territoriales que son inaceptables. Una estadística que debe avergonzarnos. Como comentara un académico, al fin de cuentas descentralizar es resignarse a perder poder y si ello ocurre, en buena hora.