Elección del próximo 7 de mayo

Los
países se construyen a través de momentos que fijan su rumbo. Durante
los últimos años, Chile enfrentó una crisis social con altos niveles de
violencia y una pandemia global. Hoy vivimos una crisis de seguridad y
un mal momento económico que demanda lo mejor de nosotros para salir
adelante.

Aunque
no siempre se perciba, en cada elección vivimos uno de esos momentos
que fijan el rumbo de un país. En 2017 nos debatíamos entre Guillier y
Piñera pensando que el trabajo del futuro presidente iba a ser “más de
lo mismo”. Nos equivocamos. El gobierno anterior lidió con una crisis
social, condujo un acuerdo político para salir de esa crisis y
administró una de las políticas más exitosas del mundo en el combate a
la pandemia. En noviembre de 2017 ninguno pensaba que ese era el Chile
que encomendaríamos a quien ganara esa elección y sin embargo lo
hicimos.

La
elección del próximo domingo puede jugar un rol tan relevante como la
anterior si nos detenemos a pensar en el momento político que vive
Chile. Vivimos una crisis de seguridad y migratoria difícil de abordar y
el progreso social y económico depende de un gobierno que en la mañana
promete colaboración público-privada y en la noche anuncia en cadena
nacional la estatización del litio y la creación de más burocracia
estatal. En este escenario, la elección de este domingo está lejos de
ser una anécdota electoral más.

El
proceso constitucional en el que estamos debe ser tomado como la
oportunidad de construir un diagnóstico compartido sobre el delicado
momento que vivimos y, además, para redactar una Constitución que tome
lo mejor de nuestras tradiciones y haga cambios e innovaciones allí
donde sea necesario.

En
una semana más, los magallánicos tendremos que elegir a nuestros
representantes en el Consejo Constitucional, cuyo desafío es enorme:
lograr, en tan solo 5 meses, acordar la constitución que, de ser
aprobada en diciembre, nos regirá por los próximos 30 o 40 años. Tenemos
múltiples opciones: desde aquellos que apoyaron, sin restricciones, la
propuesta que casi 8 millones de chilenos rechazamos el pasado 4 de
septiembre (cuya lista, inexplicablemente se llama “Unidad para Chile”, a
pesar de querer dividirnos con la plurinacionalidad) hasta aquellos que
participan del proceso sin creer en él, cuya participación pareciera
tener, como único objetivo, lograr que este proceso fracase.

Durante
los últimos meses, he tenido la oportunidad de conversar con
innumerables personas. Si bien, hay escepticismo, también existe
esperanza. Del fracasado proceso anterior aprendimos la importancia de
contar con personas preparadas, que logren sacar adelante la tarea de
darnos una constitución que nos permita recuperar la senda del progreso,
estabilidad y unidad.

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