Elecciones en la UMAG

Este año se realizarán las elecciones en la UMAG, donde elegiremos un nuevo rector o rectora,
ya que el actual termina su periodo los primeros días de agosto y ha
decidido no ir a la reelección, ya que su base de apoyo se ha visto
fraccionada en dos posiciones de poder. En este contexto, dos de las
autoridades designadas y que acompañaron en la gestión al
rector Juan Oyarzo han anunciado candidaturas: su prorrector y su vicerrector de Investigación y Postgrado.
Ambos al ser parte de la dirigencia universitaria por varios periodos
representan el continuismo de las políticas y estilo de gobierno de las
administraciones universitarias en las últimas décadas. Un estilo
cuestionado desde una perspectiva administrativa, democrática y
vinculante.
Si
bien aún no se convoca a elección, esta ha comenzado de facto. Fuera de
toda conducta democrática, ética y administrativa, se ha iniciado una
campaña con logos, propaganda, despliegue oficina a oficina, que bien
amerita el pronunciamiento de las actuales autoridades (pero son los
mismos). Quienes incurren en falta, como aquellos que se niegan a
fiscalizar, son parte de un estilo de gobernanza que incurre
permanentemente en atentados a la democracia interna, casi como un
sello.
Pero
esta elección no es igual a las anteriores, no debe ser igual a las
anteriores. La incipiente aprobación de un nuevo estatuto que regula el
poder, la representación, el accionar y la democracia universitaria,
requiere autoridades dispuestas a superar estilos de administración poco
transparentes, con ribetes autoritarios.
Esta elección nos entrega la posibilidad y nos obliga, de cierta forma, a contrastar programas y evaluar perfiles de cara a una
gestión interna y de representación institucional acorde a los tiempos que viven el país y la propia universidad. Es extraño que en el ambiente universitario
el debate, el contraste de ideas, sea una característica ausente en su
quehacer. Esto ha generado muchos años de conformismo, por un lado, pero
también de miedo. Porque la critica fundamentada y razonable muchas
veces se ha interpretado como deslealtad u oposición por la autoridad,
respondiendo muchas veces con amenazas veladas o explícitas. Pensar
distinto, contradecir el poder establecido, tiene cierta sensación de
costos.
Toda
elección nos ofrece nuevas oportunidades si estamos dispuestos a romper
moldes y hacer una apuesta por ellas. Sin duda se requiere un ambiente
universitario en donde el miedo no sea parte de la rutina, donde la
incertidumbre laboral no sea preocupación permanente y donde la
canalización de ideas y aspiraciones de los distintos estamentos sea
fluida y canalizada. De la misma forma, se requiere una universidad
vinculada con el desarrollo, las esperanzas y el afecto de los
magallánicos. Desde lo simple a lo complejo de nuestra sociedad
, el magallánico debe ver en su universidad una oportunidad, un espacio y una acogida a sus inquietudes y anhelos. En
esta elección, el estamento académico de la UMAG debe profundizar sus
críticas y cuestionamiento a la forma en que se ha conducido nuestra
casa de estudios y re
belarse
ante cualquier alternativa de continuismo. Poner término a un estilo
prolongado de gestión, que se ha reproducido desde el ejercicio del
poder en la UMAG, ofrece la posibilidad de redefinir el rumbo y vocación
de nuestra casa de estudio regional. Es el momento del surgimiento de
nuevas lideresas y lideres que garanticen el cambio de un conjunto de
prácticas de gobierno que han merecido un claro repudio, tanto dentro de
la comunidad universitaria como fuera de ella. Es época de cambio, es
tiempo de esperanza. De cara a un país que anhela transformaciones, la
universidad debe constituirse en un espacio transformador.

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