Eliminación de toda violencia contra las mujeres

Nelson Cárcamo Barrera, Profesor

Cuando
miramos no muy atrás en el tiempo, en perspectiva reciente,
probablemente muchos de nosotros podemos evaluar las diferentes
lecciones aprendidas a partir de la crisis sanitaria del Coronavirus.

Protocolos
sanitarios, formas de cuidar la salud propia y la de quienes nos
rodean, la mayoría de los aprendizajes vinculados con mecanismos
preventivos entre otros temas relacionados, por ejemplo, el prestar
atención a la salud mental, pero todavía estamos en deuda con otros
aspectos todavía no resueltos y que resultan necesarios abordar de
manera integral y con celeridad.

A
propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia
contra la Mujer el pasado 25 de noviembre, y las diferentes
manifestaciones y expresiones conmemorativas realizadas alrededor del
mundo y también en Magallanes, resulta ser un oportuno momento para
volver sobre la problemática que lamentablemente sigue afectando a las
sociedades sin distinción.

La
prevalencia de la violencia hacia las mujeres y niñas, se afirma que,
se agravó durante los años recientes como consecuencia de la pandemia
del Covid19, observándose un aumento de ella y profundizando sus
alcances.

A
la fecha, de acuerdo con datos del Ministerio de la Mujer y la Equidad
de Género, en Chile se han registrado 35 femicidios consumados y 143
femicidios frustrados. Igual de preocupantes y duros son los resultados
de la Encuesta de Violencia contra la Mujer en el Ámbito de Violencia
Intrafamiliar y en Otros Espacios 2020, que advierten que, 2 de cada 5
mujeres (41,4%) entre 15 y 65 años señalan que han sido víctimas de
violencia alguna vez en su vida.

Los
números son fríos pero exponen una realidad que tiene nombre y
apellido, una realidad que nos habla de mujeres, madres, hijas, esposas o
hermanas que ya no están, que fueron víctima de un agresor que decidió
poner fin a sus vidas.

Y como cada vez que presentamos este tema en los medios, como ahora, la pregunta recurrente es, ¿qué hacemos?.

Desde
hace varios años, han sido las propias mujeres, organizadas e
independientes, cansadas del acoso y de la violencia, decidieron salir a
las calles y hacer frente a los hechos denunciando con firmeza; gracias
a ese movimiento, hoy se habla mucho más del tema que antes.

Ese
mensaje que se logró instalar debe ser el que siga motivando más y
nuevas acciones que nos permitan avanzar en lograr comunidades cada día
más lejos de un ambiente violento y que finalmente entregue la seguridad
y justicia que necesitan las niñas y mujeres.

Identificar
y conocer los orígenes y causas de la problemática, propiciar la
denuncia, requerir más información y datos oficiales, fortalecer redes
de apoyo entre organizaciones e instituciones, establecer programas de
trabajo a largo plazo y permanentes en las comunidades y escuelas,
hablar del tema y ampliar los espacios de diálogo y discusión, son
algunas de las medidas y respuestas posibles de promover, por supuesto,
junto con autoridades locales y parlamentarias.

La
educación es un lugar particularmente fundamental para comenzar a
formar niñas y niños en contextos libres de violencia, empoderados y
conocedores de sus derechos.

En
definitiva, estamos frente a un problema que nos involucra
directamente, como sociedad y país, y de la misma manera, tenemos la
responsabilidad de brindar soluciones y medidas concretas que permitan
ir revirtiendo los duros datos observados.

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