Eliminar la libertad

“No
esta permitido comprar a vendedores ambulantes, ni donar dinero a
músicos”. Así reza una perorata grabada en el audio del metro de
Santiago. Parece que nadie se cuestiona lo que dice, pero es monstruoso y
forma parte de las campañas sistemáticas de lavado de cerebro con que
por años se ha estado borrando del inconsciente colectivo la noción de
libertad en sus múltiples aspectos. Claro, si se trata de impedir el
comercio ambulante en el metro lo lógico es no permitirles el ingreso, o
a los artistas callejeros, pero no puede el metro prohibir a los
ciudadanos hacer lo que quieran con su dinero. Eso atenta contra
libertades básicas.


El pase de movilidad. ¿Cómo es esto de requerirse un documento para
moverse? Ya no se trata de acreditar identidad, toda la información de
una persona contenida en un código QR, esos raros encriptados que se nos
metieron amistosamente a través de las cartas de restaurante durante el
año pasado. Hoy a través de ellos se lee porque integra el terminal
respectivo, toda la información de una persona, en cualquier parte del
planeta. Lo dije la semana pasada, ese pase no es legal, no hay norma
legal alguna que lo cree como instrumento de identificación habitual,
ahora hasta a las graduaciones de final de año. No tiene ninguna lógica
sanitaria siquiera, solo es y será la evidencia de como las personas de
manera creciente están aceptando cualquier perdida del libertades a
cambio de una seguridad que tampoco existe en un sistema que acalla los
muertos y enfermos por inocularse, ya que vacuna no es y tampoco es
obligatoria por lo mismo. Y esas inoculaciones se harán eternas, ya
hablamos de la cuarta dosis y cada año… Y todos aguantan y muchos
“justifican” sin argumento alguno, se acepta que al ciudadano se le
obligue.


Lo “políticamente correcto”. Hay temas prohibidos, el ciudadano
medio debe aprender a “moverse” entre ellos, cuidándose de opinar
diferente hasta dejar de pensar distinto. Existe una presión política y
social respecto del “negacionismo”, por ahora, la sanción penal al que
manifieste opiniones divergentes con la “verdad oficial” sobre algunos
temas. Por algo se empieza. Y sumisamente la gente lo acepta, hay temas
sobre los que mejor no opinar. A diario percibo como hoy el chileno no
aprecia el sentido de la libertad, no le importa el derecho a la
libertad, ni siquiera tiene el concepto de libertad y por cierto, no
ejerce ni reclama la suya propia. Hay muchos delitos contra las
libertades cometidos por particulares, como la libertad sexual, la
libertad personal, la libertad patrimonial, pero la gente acepta que el
Estado si puede y tiene “derecho” a conculcar nuestros derechos y
nuestras libertades. Así es imposible luchar contra los enemigos de esa
libertad, pues esta se ha transformado en una entidad ya casi
desconocida, como defender lo que no se conoce y menos se practica?


Es por esto que hemos llegado al punto de inflexión del próximo 19 de
diciembre, en que decidiremos si queremos ser libres o al contrario,
profundizarnos en este estado de eliminación de libertades reales. Una
suerte de pandemia eterna, en creciente pobreza, dependientes del
Estado, sumergidos en un mar de mediocridad, envidia e injusticia. La
antilibertad se esta institucionalizando.

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