Pese
a que aún no vemos sus efectos en toda su extensión, los economistas
apuntan a que el próximo año se sentirán con mayor fuerza las
consecuencias de la pandemia sobre la economía y, de manera especial, en
el mercado laboral. Según la última Encuesta Nacional de Empleo, que
elabora el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de
desocupación nacional alcanzó un 10,3% en el trimestre diciembre
2020-febrero 2021. Según sexo, la tasa de desocupación de las mujeres
fue de 11% y 9,8% la de hombres.
Lo
anterior es solo una muestra de una realidad que ya se ha hecho
evidente y que distintos organismos e instituciones ya han advertido y
es que, las más afectadas por la contracción en el empleo, son las
mujeres. Como se ha informado profusamente en diversos espacios de
discusión, la participación laboral de las mujeres en Chile ha
retrocedido diez años, pasando de un 50% a un 40%.
Esta
situación fue analizada en profundidad este martes en el seminario
organizado por el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género en el
cual participé como panelista y donde se presentó un estudio de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que
da cuenta de las dificultades de las mujeres para insertarse en el mundo
laboral y las que deben asumir cuando logran acceder. En la
oportunidad, se precisó que la desigual carga de responsabilidad en el
hogar, así como los roles de cuidadoras que asumen miles de mujeres
también atentan contra las oportunidades laborales de las mujeres, en
especial de las más jóvenes.
Esta
situación también fue evidenciada este jueves en el lanzamiento del
estudio realizado por Google denominado “Digital Sprinter” (velocistas
digitales) en el que también fui invitada a participar. Si bien Chile
está lejos de países donde las mujeres incluso están impedidas de abrir
una cuenta bancaria personal, sí podemos apreciar una serie de
remanentes que se constituyen en barreras estructurales que impiden que
todo el potencial femenino se despliegue en el mercado laboral.
Si algo ha quedado en evidencia durante la pandemia
es que fenómenos como el teletrabajo y en general el uso de la
tecnología que ya se venían manifestando, ahora serán la norma y solo se
incrementarán en el tiempo. Pero, tal como se señaló en el estudio dado
a conocer por Google, el proceso de digitalización también tiene un
sesgo de género y, por lo mismo, es tan importante que todos los
esfuerzos de incorporación laboral femenino tengan un fuerte énfasis en
lo tecnológico.
No
se trata solamente de habilidades blandas en el manejo de la
tecnología, sino en capacitar por igual, tanto a niños como a niñas, en
el desarrollo
de habilidades y competencias avanzadas que les entreguen las mismas
herramientas para desarrollarse en un mercado de alta exigencia que será
clave para el desarrollo de los países. Dejar fuera de este campo a las
mujeres no solamente sería injusto e inaceptable, sino que también
constituiría un profundo error estratégico de desperdicio de talento.
Las
mujeres en Chile somos más del 50% de la población y lo que corresponde
desde un punto de vista ético, es que tengamos las mismas oportunidades
de contribuir al desarrollo de nuestro país, pero también de nuestro
propio crecimiento personal y nuestro proyecto de vida. Cuando todavía
discutimos sobre cuestiones básicas como la paridad salarial, debemos
prender las luces de alerta
para entender de una buena vez que el sin nosotras nunca más, también
debe convertirse en una máxima para el mundo del trabajo.