Empresarios versus ejecutivos

Chile
enfrenta una grave crisis política, económica y social. La delincuencia
se ha tomado el país, el narcotráfico campea por ciudades del norte y
del sur. El gobierno, tras un año de fallidos intentos por tomar el
control, no logra frenar su desaprobación. Hay mucho temor de salir a la
calle, hay incertidumbre de lo que le depara el destino a los chilenos.
En este escenario, los gremios empresariales dan a conocer sus
inquietudes, ofrecen colaboración, y en los últimos días discrepan más
fuertemente del gobierno. La coalición frenteamplista-comunista, sin
tener un solo ejemplo de éxito con sus políticas, atacan a los
empresarios por distintos frentes: aumento de impuestos, nuevos
royalties, disminución de jornada laboral, destrucción del sistema de
AFP, destrucción de las Isapres, aumento de costos laborales, dilación o
negativa en aprobaciones a nuevos proyectos, intervención del Estado en
actividades propias del ámbito privado, presiones negativas a tratados
de libre comercio, indolencia frente al comercio ilegal, indiferencia
frente a la inmigración ilegal y ahora último -de manera indirecta- como
responsables de los incendios. Algunos gremios se han desdibujado, al
ir en contra de sus orígenes y objetivos que les dieron vida. Se han
relajado los requisitos para pertenecer a un gremio y eso ha generado,
entre otras cosas, divisiones dentro de gremios de un mismo rubro. En
otros casos, gremios como el industrial, hoy ya lo componen empresas
ajenas al rubro original. Esta diversidad de gremios genera una pérdida
de influencia sobre el ejecutivo, quien los escucha a todos y después
hace lo que quiere. En temas de seguridad, todos los gremios hablan con
el ministerio del interior, muchas veces separados. Lo más delicado es
que se ha confundido el rol de empresario con el de ejecutivo. En
algunos gremios importantes, los empresarios están representados por
directores de sus empresas y en muchos casos por ejecutivos. No es lo
mismo ser empresario que ser ejecutivo. Chile requiere urgentemente que
los empresarios opinen de frente y sin temores. Chile está en peligro.
Durante la reforma agraria, muchos agricultores no defendieron con
fuerza sus intereses a través del gremio correspondiente y perdieron
todo. Al gobierno hay que hablarle, como lo han estado haciendo ahora
Juan Sutil y Richard Von Appen. Durante casi un año se les apoyó de
manera irrestricta, cuando era evidente que la ideología de quienes
gobiernan está por sobre el bienestar general. A algunos ministros el
gobierno los usa como peones, para adelantar proyectos y ver como
respira el ambiente social. Los empresarios aportan su capital, su
trabajo y sus desvelos al negocio que emprenden. Los ejecutivos se
pueden cambiar -y de hecho se cambian- de trabajo, y no pocas veces a la
competencia. En consecuencia, es urgente y necesario que los
empresarios salgan a defender Chile en todas las instancias que se
presenten. No hay que tenerle m
iedo
a la persecución del Estado. Por el contrario, los empresarios tienen
un deber moral de denunciar los abusos de sus pares, pero también los
del Estado. Estamos inundados de miles y miles de funcionarios, muchos
de los cuales trabajan a distancia, no son evaluados y son inamovibles.
Los empresarios deben estar orgullosos del rol que cumplen en la
sociedad. Como ya se ha repetido, Chile no necesita alzas de impuestos,
sino más bien, eficiencia del Estado y de sus funcionarios. Deben
exigir, el fin de los pagos a exonerados falsos y a las “supuestas
víctimas” del estallido delictual. No más instituciones o agregadurías o
subsecretarías. Existen numerosos empresarios que aportan de manera
silenciosa a causas benéficas, lo que está muy bien, pero hay otra lucha
que no es silenciosa y que tiene que ver con la Patria y no con la
empresa de cada uno. Esa lucha es la defensa de los valores, de la
historia, de la educación decente, de la soberanía, de la familia, del
lenguaje educado, de la prensa objetiva y no sesgada, del patrimonio
(cultural y arquitectónico) amenazado. Tenemos la obligación de
involucrarnos de manera, no siempre, políticamente correcta. Al gobierno
hay que tirarle el mantel de la mesa de negociaciones cuando se
traspasan los límites y empezamos a hablar de los “territorios” o del
wallmapu. Chile depende de los trabajadores y de los empresarios. Sin
empresa privada hay hambre y miseria. Cuba, Venezuela y Nicaragua son
ejemplos de esa realidad. Finalmente, está muy bien diversificar
inversiones en otros países, pero quienes nacimos en Chile, nos debemos
primero a nuestro país. Aquí debemos dar la lucha para no tener otra
unidad popular, que fue un fracaso en todos los aspectos, y a pesar de
eso, su máximo responsable tiene una estatua a pasos de la Moneda. En un
año en que el gobierno está usando recursos fiscales, para conmemorar
los 50 años del golpe militar, es el momento de que los empresarios
grandes, medianos y pequeños digan basta. Los recursos del Estado son
para causas nobles y no para seguir dilapidando y escarbando odios de
hace 50 años, cuando la mayoría de los chilenos aún no había nacido.

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