¿Y ahora qué? ¿Qué viene después del 11 de septiembre? ¿Cuál es o será la agenda del gobierno? ¿Cómo vamos a salir del ensimismamiento que nos dejó la fecha? Lamentablemente los 50 años nos dejaron en una polarización extrema, y si bien, todo el espectro político tiene responsabilidad, fue el Presidente de la República quien se farreó la oportunidad de hacer de este acto una visión al encuentro y allanar un camino para diálogos transversales en los temas que son urgentes para la ciudadanía.
El tono dejó esquirlas y la gran pregunta es cómo se avanzará de ahora en adelante en la agenda de desarrollo humano. En seguridad, no se ha cumplido con los plazos y la presentación de iniciativas para que el congreso pueda legislar. En el pacto fiscal, más allá de las reuniones del Ministerio de Hacienda, se sigue en una lógica unilateral, lo que se va a traducir en remotas posibilidades de acuerdo y en un desfile de ataques entre oficialismo y oposición que para el mundo de la política serán importantes e interesantes, pero para el oído humano, una muestra más de la desconexión con los intereses del territorio. La reforma de pensiones -que ha sufrido tres porrazos en los últimos diez años- corre el serio riesgo de terminar lejos del parlamento, por la incapacidad de un gobierno que quiere hacer eco y gesto de su posición ideológica más extrema, sin dar un espacio a una conversación o un punto medio que permita destrabarse. Por el bien de Chile, ojalá que al cierre del año legislativo -enero de 2024- se llegue a un punto de entendimiento. Por otro lado, el avance del proceso constitucional tiene mal augurio, donde varios sectores ya ven con desconfianza aprobar un nuevo texto, sin siquiera entrar aún al contenido final. Sin embargo, para esos sectores el gusto de hablar y quedar bien para un nicho determinado es más grande que el bienestar del país.
El ambiente para salir adelante no es el mejor, está asediado por la polarización, la demagogia, la desidia y la percepción de desconfianza e inseguridad que vivimos como compatriotas. La democracia chilena está en riesgo y si los dirigentes políticos no cambian abruptamente, no se vislumbra un buen horizonte. La primera gran tarea de la política al regreso de las fiestas patrias será avanzar en el proceso constitucional.
Además, Chile tiene que avanzar decididamente en enfrentar los actuales enemigos de la democracia: la corrupción -que está presente en este gobierno-, el narcotráfico y el crimen organizado. Avanzar en tres reformas sociales claves como pensiones, salud y educación. Y acá la oposición, aunque crea que tiene al frente al peor gobierno desde el retorno a la democracia, va a tener que sentarse a conversar.
¿Qué expectativas me gustaría tener de cara al cierre de año? Que los políticos cuiden la convivencia política y social, eso conlleva un ambiente colaborativo, donde no hay problema en que existan diferencias, pero que se lleve adelante una real discusión política sobre los asuntos que le importan a la mayoría. Otro punto es aumentar la capacidad de llegar a acuerdos: no más ataques, más propuestas. No abandonar sus posiciones, pero si encontrar ciertos puntos medios. Y lo último: idea país clara, para que vayamos descontaminando la demagogia y el populismo y la fascinación por el like en redes sociales.