El
Estado, cualquiera éste sea, debe asegurar a la población, para cumplir
su cometido básico, orden público y condiciones necesarias para la
inversión. En cualquier país del mundo, la economía es clave, sólo el
crecimiento asegura el bienestar y la superación de la desigualdad.
El
Presidente Boric no ha podido reposicionar, salir del golpe de la
derrota del plebiscito y entender, que el orden público y la economía
pueden asestarle la más tremenda de las derrotas -quizás la última-,
caer en la inopia, en el descrédito total, fatal en una democracia. El
voluntarismo no ha permitido redimensionar a un gobierno golpeado. Hasta
aquí lo único que cambió después del 4 de septiembre fueron algunos
pocos ministros.
La
consciencia, y la realidad no se imponen ante el voluntarismo del
Presidente y sus amigos, frente a un Socialismo Democrático que ya
comienza a pagar costos más altos que los trabajos que adquiere del
Estado, ¿Hasta dónde resistirán a un gobierno infantil y sin agenda? Eso
esta por verse.
Por
ahora los enfrentamientos aparecen todos los días, el CPTTP y los
desvaríos posteriores, desautorizados por una Canciller incómoda con su
ortodoxo subsecretario, la soterrada pugna de poder de las ministras
Tohá y Vallejo, la incomodidad del PS con el mundo del FA/PC. Resulta
obvio, el PS y el PPD no están acostumbrados a este nivel de impericia,
voluntarismo, nunca gobernaron así y hoy tragan costos, y pagan caro la
participación como socios minoritarios.
Lo
anterior acrecienta la presión con temas como el orden público
absolutamente descontrolado ante narcotráfico, terrorismo, ingreso de
grupos de alta criminalidad y la falta de empoderamiento de Carabineros,
un cuerpo armado de cuyo discurso antagónico basado en su total
descrédito llevó al PC/FA al poder.
En
este escenario, sin orden público asegurado, la inversión y la
economía, golpeadas después de una pandemia, encuentran en las
decisiones gubernamentales ineficacia. Los proyectos se detienen, y ya
se habla de recesión para el próximo año. El Presidente demuestra una
impasibilidad sobre la situación económica que preocupa y ya se deja
sentir en los hogares de Chile. El ahorro, la inversión, especialmente
la pública están en el suelo, la ejecución presupuestaria es baja, y lo
que es aún peor, los grupos de presión, que forman parte del mismo
gobierno detienen proyectos fundamentales para la economía. La deuda
pública obligará a pagar intereses (sólo intereses) por US$14.000
millones en los próximos 4 años, mismos 4 años que el FMI augura un
crecimiento de la economía de 1,3%, uno de los más bajos de la Región y
la OCDE, y especialmente, el más bajo para un gobierno desde el retorno a
la democracia. La minería espera una caída de la inversión del 7,5%
para éste año. Los proyectos autorizados por la autoridad ambiental
entre junio y septiembre caerán un 53% comparado en igual período al año
pasado. Todos los días la prensa informa de proyectos de generación de
energía o inmobiliarios que se paralizan, junto a la quiebra de varios
gigantes de la construcción que yo no aguantaron más la lenidad de la
autoridad ante el aumento de precios de materiales y la inflación. La
inversión inmobiliaria disminuirá en un 45%, y el acceso al crédito
resulta imposible para inversionistas y chilenos que quieren iniciar sus
negocios, pagar deudas o comprar una vivienda, súmele a ello el costo
de la vida con una inflación que en el continente superan solo Argentina
y Venezuela.
Aún
no hemos visto lo peor, los chilenos observamos a un gobierno impávido,
preocupado de una agenda legislativa mínima basada en temas
identitarios o pequeñas ideas. No hay reformas estructurales, y frente a
este escenario económico se anuncia una reforma tributaria. Es difícil
encontrar un ejemplo de reforma tributaria en medio de una recesión como
la que enfrentaremos.
Mientras
los chilenos seguimos esperando a un Presidente que cree que gobernar
consiste en pedir respeto. Lamentablemente gobernar es fijar las
prioridades y hacerles la vida más fácil a los chilenos, eso no está
ocurriendo y el costo político y social puede ser inmenso, esta vez
mucho más grave que antes.