En política es sin llorar

El
dicho es muy popular en la jerga de la política contingente,
especialmente cuando la lucha por el poder se transforma en un slogan
que obliga a todos a cuidarse porque lo que mal hagan les podrá explotar
en la cara; donde las alianzas se hacen y deshacen a la conveniencia
del momento en que se viva; donde las lealtades no se refieren más que a
las contingencias del momento; y, que significan siempre el
fortalecimiento de caudillismos sectoriales dentro de un marco
provincial, que se reproduce en todos los estratos y también en la
camaradería entre partidos. Es la esencia de este mundo y nos
acostumbramos a ver que sobrevivan los de piel o cara más dura, los que
tienen el mejor despliegue y manejo comunicacional, los que no sufren
con el descrédito, los que callan en épocas negras para reaparecer
cuando la gente se olvida. Un mundo raro que se autoprotege.

Son
las alianzas que mantienen a cada uno en sus esferas de influencia y
que tan mal le hace a la ciudadanía que ve como se entronizan por
abolengo, apellidos o herencias, como si ello fuera lo único plausible
para orientar el desarrollo de una sociedad y de un país. En medio de
ese espectro resulta difícil que la actual clase política pueda
empatizar con los intereses de la comunidad pues prioriza la mantención
de sus privilegios. Esto es lo que nuestra población rechaza y por ello
se ha mantenido ajena y distante de su gestionar.

Para
mantener el control de la nueva constitución la tradicional clase
política se ha unido y se contrarrestará la influencia que puedan tener
los verdaderos independientes en el proceso, a través de la homologación
electoral de otros procesos, para asegurar sus escaños. Se arrogaron
permitir participar a independientes en sus listas sin tener que pedir
firmas de patrocinantes, con espacios de propaganda electoral asegurados
por el CNT y con una cobertura mediática sin parangón. Los canales de
TV hacen lo suyo y han centrado el debate en los distritos de la capital
olvidándose que el país no se centra solo en Santiago, que el resultado
del plebiscito prefirió que se escriba una carta nueva y con personas
ajenas a los partidos y, que las regiones claman contar con
representantes de sus territorios y no allegados o retornados por
conveniencia.

El
dicho que titula este comentario no se puede aplicar al 97% de la
ciudadanía que no participa del juego político y el 11 de abril se habrá
de jugar por mucho el destino de nuestro futuro. Escuchamos el domingo
al Ministro Jaime Belollio declarar con firmeza y alegría que Chile
Vamos va a lograr la obtención de la mayor cantidad de constituyentes
(con ello asegurar el tercio para obstaculizar cualquier intento de
avance en los debates de la Asamblea Constituyente). Su arrogancia
representa el objetivo plasmado en la agenda de la derecha que pretende,
con candidatos camuflados por la propaganda y de buen hablar, ganar la
confianza de los votantes y entrar a conformar ese tercio que es la
minoría contramayoritaria con la cual bloquearán todo intento de avance
hacia un Chile distinto y mejorado.

El
llamado a la ciudadanía es a no confundirse con las ofertas de los
candidatos del bloque oficialista de partidos que optaron por el
“Rechazo” y que apenas representan el 20 % del resultado plebiscitario.
Aspiran dominar la Asamblea y si ello llegare a ocurrir el proceso será
un fiasco y le tendremos que dar explicaciones en medio del llanto, ya
que sus votos habrán legitimado la Constitución del 80 y habrá que
esperar otro estallido social o 50 años más, mientras se siga
distanciando la inequidad en nuestra sociedad. No se olviden del sentido
que tuvo su voto en el plebiscito y no caigan en el juego de quienes no
tienen escrúpulos en aparecer como salvadores y dejar llorando a todo
un país.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS