Enfermiza ambición

Hoy nos guiará el
economista Fernando Trías de Bes. Con su libro “Una historia diferente
del mundo”, nos explica como las emociones y los instintos determinan el
funcionamiento de la humanidad.

Él
nos dice que: los inesperados motores de la prosperidad son: la
envidia, el egoísmo, el afán de ser ricos y previsores; con una eterna
insatisfacción. El trueque fue la solución inicial a los conflictos
entre los primeros pueblos para aplacar las venganzas; y nos explica,
como nace la ambición de acumulación de riquezas y que después de una
pausa por el triunfo logrado, viene esa sensación de vacío, de
insatisfacción, “quiero más riqueza”, debo ampliar mi mercado y
dominios, por las buenas o las malas.

¿Logró
Ud. viajar al extranjero, comprar su auto soñado o la tecnología de su
agrado? Disfrute ese privilegio, porque para muchos hoy son sueños
inalcanzables, no importa lo que digan las redes sociales. Pero Ud. como
triunfador usa la frase “vamos por más”. Su ambición es insaciable,
pero sea responsable para que no se transforme en algo enfermizo.

Chile
por décadas es un país corrupto, pero nos concientizaban que no.
Enumeremos algunos casos: En dictadura: Banco Riggs, Cema Chile,
“Pinocheques” que incluyó un “boinazo”. En el retorno a la democracia,
terminado el romanticismo: Indemnizaciones descomunales a gerentes de
empresas del Estado mediocres, “Mopgate”, Corpesca, Penta Soquimich,
Caval, “Milicogate”, “Pacogate”, Caso Convenios, Caso Audios de los
abogados Hermosilla y Leonarda, Caso del Mayor fraude tributario de 336
mil millones. De las alcaldías hay que hacer una edición especial.

Como
dijo Ricardo Lagos, “las instituciones funcionan”. Fiscalía entra a la
cancha, sin intimidarse por el cargo o poder de los sospechosos. Pasó
con Delano y Lavín, con oficiales de ejército y carabineros, con un
exdictador, con el hijo de la presidenta, con varios parlamentarios; y
hoy el reciente exdirector de la Policía de Investigaciones. La
ambición económica es natural pero la combinación con poder la hace
desmedida, enfermiza y delictual.

Pero
de nada sirve tanto esfuerzo en la investigación, conjugando acciones
de justicia temeraria y periodismo investigativo, si en reuniones
oscuras y sectarias, se busca la impunidad. Evitemos renuncias de
buenos fiscales; sancionar con clases de ética; o separaciones
inoficiosas de su cargo de 5 funcionarios, que después se reintegran al
SII sin mayor hallazgo, a casi 4 meses de investigación. No
necesariamente eran culpables, pero alguien trabajaba para Leonarda y
Hermosilla. Considere que ayer la investigación de CIPER salpicó a la
Contralora General de la República.

La
justicia chilena está en el fragor de la batalla, con la desventaja que
desde hace años se suma a la corrupción el crimen organizado, con los
recursos suficientes para despertar la cruel ambición de poderosos
ciudadanos, o Ud. que lee esta columna. Esperemos, como dicen los
jóvenes, que siempre exista alguien “que se ponga la capa”.

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