Enroque

El
enroque es un movimiento especial para proteger el rey y activar la
torre. Es la única jugada del ajedrez en la que se puede mover dos
piezas. El rey mueve dos casillas a izquierda o derecha y la torre se
cruza con el rey a la casilla adyacente a él. Solo puedes enrocar si ni
la torre ni el rey han movido antes y no hay piezas de por medio.
Tampoco puedes enrocar cuando estás en jaque, ni si el enroque te pone
en jaque, ni si pasas por un jaque al enrocar.

El
enroque es una jugada importante y básica del ajedrez con el fin de
poner al “rey a salvo”, conectar con la torre y alejar al rey del centro
del tablero. Me imagino que usted se está preguntando, ¿por qué estoy
explicando una jugada clásica de ajedrez?

Existen
muchas personas que se comportan en sus vidas como si fuera una guerra
en que la estratégica y tácticas racionales bien aplicadas son
esenciales para sobrevivir e incluso derrotar a sus rivales. Y en
política, debido a la exposición pública de sus actores, se hace más
evidente por más que se trate de tapar el sol con la mano.

Es
así como el senador Carlos Bianchi (el rey) y su hijo Karim (la torre)
juegan al ajedrez para evitar la derrota, previendo el jaque al rey de
la ley que limita la reelección de parlamentarios. En consecuencia, la
familia Bianchi en un desvergonzado enroque, realiza un enroque largo,
para sacar al senador del foco de la amenaza y moviéndolo aún más hacia
la izquierda populista conectando con el versátil diputado que debe
saltar sobre él para caer en la casilla del Senado.

La
jugada defensiva no es casualidad, más bien elaborada. Y se inició hace
tiempo con el movimiento de otra pieza. De hecho, el abogado y hoy
convencional constituyente por Magallanes (el alfil) Mauricio Daza fue
el primer movimiento de una aparente jugada defensiva, pero quienes
entendemos el juego, sabemos que el enroque es solo una táctica
defensiva que responde a una estrategia de reposicionamiento en el
tablero del poder para pasar al ataque, derrotar a los rivales y
conquistar el poder. La jugada, aunque desvergonzada porque tuerce el
espíritu de la ley, es hábil y legal. Legal porque no contraviene la
ley, y si Carlos Bianchi es exitoso en su candidatura a la Cámara de
Diputados en el lugar de su primogénito, tendrá el privilegio de
convertirse en el dinosaurio en jefe del Parlamento. Hábil, porque esta
jugada no tiene parangón en el tablero político de los últimos 31 años.
Esa habilidad solo la hemos podido ver en el mundo de los negocios, con
en el caso Cascadas de Soquimich (SQM) o el caso OAS con Marco
Enríquez-Ominami (el rey) y su ex asesor, Cristián Warner (la torre).

Los
Bianchi han instalado una suerte de feudo local al cual no pocos
villanos buscan servilmente protección. Así funciona y al parecer para
mantener el poder sobre la comarca, todo es válido, desde importar
candidatos foráneos a la Constituyente que contraviene el regionalismo
que decían defender o impulsar políticas populistas como el retiro de
fondos desde las rentas vitalicias que empobrecerán a la gente.

Al fin y al cabo, en el juego del ajedrez, lo importante es evitar la derrota del rey. Los peones, son solo carne de carroña.

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