Cuántas veces escuchamos
a don Manuel Suárez hablar y concientizar por la necesidad de agrandar
el paso marítimo que lleva hasta Puerto Natales. El objetivo, no tengo
dudas, de quien partió hace un tiempo atrás, no fue otro que la
prosperidad y crecimiento de la capital de Última Esperanza.
Como
todo en la vida, hay personas que están a favor y detractores del
proyecto. Claro, el tener un paso muy angosto no permite la llegada de
grandes barcos turísticos, privando de tener aún más opciones a todo el
desarrollo turístico de la zona (hoteles, restaurantes, artesanía,
comercio minoritario, etc). Desde ese punto de vista, claro que se
justifica el tener que hacer una inversión de más de 20 millones de
dólares, que ya fue esta semana aprobada por el Sistema de Evaluación de
Impacto Ambiental.
Pero,
desde los opositores al megaproyecto, aducen que la intervención del
lugar será una catástrofe medioambiental, dañando de forma irreparable
la biodiversidad hermosa y una de las más ricas del planeta. Incluso,
hay dudas hacia donde se quiere avanzar, si este no es el gran gesto a
industrias que se han instalado con mucha fuerza, como por ejemplo la
salmonicultura.
Como
ve, ambas miradas son totalmente válidas, pero, ¿quién tiene la razón?
Desde mi punto de vista, con un proyecto que cambiará el futuro para
siempre de toda una zona, no puede hacerse sin pasar por un proceso de
participación ciudadana, pero una participación real, donde participen
todos los habitantes de las comunas de Torres del Paine y Puerto
Natales.
Por
qué no imaginar que sean los municipios los que lleven adelante este
proceso, o en su defecto, la misma gobernación provincial la que se
preocupe y ocupe de este escenario. No existe nada mejor para dirimir
dos miradas que la democracia, pues bien, hagámosla carne.
Ha
quedado de manifiesto desde hace muchos años, y con más fuerza desde el
estallido social, de la necesidad de los pueblos de involucrarse en las
grandes decisiones que nos afectarán. Elegimos representantes y
gobernantes para que tomen medidas, pero si es un proyecto que cambiará
para siempre lo actual, no puede ser sin el consentimiento de la gente.
Esta
es una nueva oportunidad de las autoridades de demostrar que han
cambiado y que se entendió el gran mensaje de un país y una región que
exige que sea tomado en cuanta más que cuatro veces por año.
Hay
que empujar porque la voz de la ciudadanía se exprese y esto se haga
realidad, independiente si se está a favor o en contra del megaproyecto
del ensanchamiento del paso Kirke.