Entre el miedo y el terror

Decir
las cosas por su nombre parece fácil pero en Chile es cada día mas
difícil, hasta aquí debido a esa atávica hipocresía que trata de guardar
apariencias, Chile siempre ha vivido de apariencias. A esa hipocresía,
se suma primero el temor y ya el miedo, pocos se atreven a opinar
distinto de lo políticamente correcto o lo que parece de general
aceptación. Mejor no ir contra la corriente, mejor no pensar ni opinar.


Existe obvia preocupación y alarma por el comportamiento de nuestra
economía, la cual a no dudarlo se desmorona. La inflación es apenas un
botón de muestra, pero lo mas grave es la perdida de confianza, de
certezas, y de temor ante lo que sabemos que viene pero nadie o casi,
quiere decirlo en detalle. Es “impopular” no decir “cosas bonitas” para
lo que viene, pero como no soy candidato-y aun que lo fuera-no me
interesa entrar en ese derrotero hipócrita.


Nuestro país está destruido y entre dos fuegos que amenazan su
subsistencia. La izquierda globalista, esta concertada entre si, el
ultimo “debate” lo evidencio, coludida, para establecer un nuevo
gobierno que catalice un proceso revolucionario en plena marcha que
en solo dos años ha demolido casi todas nuestras instituciones, que
atenta contra nuestras bases culturales , conceptos y valores ,a la
economía y sus bases primarias, y a la libertad individual a través de
la dictadura sanitaria pero también a través del miedo colectivo que
crean la incertidumbre , un narcoterrorismo y crimen organizado
desatados, mientras la principal policía, quedó atada de manos, y la
izquierda exigiendo su desaparición. Solo Dios lo protege a usted de no
ser asaltado a plena luz del día en cualquier parte, porque nadie lo va a
defender.


El primer “fuego” se refiere entonces a esta concertación de la
izquierda para ganar un gobierno que coadyuve a concretar la revolución
en marcha a través de políticas cuyo único objetivo no es retomar un
camino de desarro
llo
del cual reniegan (“la pobreza es sustentable” dicen) sino simplemente
hacerse de un poder total, con control de todos los Poderes actuales del
estado.


El otro fuego a que nos tienen sometidos, es la edificación
instituyente de los parámetros jurídicos que cual camisa de fuerza, se
construye en la llamada “Convención Constituyente”, a fin de darle
sustento jurídico a esa revolución ideológica y a la supresión de los
derechos individuales comenzando por los que se denominan
“prepolíticos”, sustituyéndolos por una aberración que denominan
“derechos sociales” como un programa de gobierno elevado a rango
constitucional que no existe en ningún país libre .Así se festina el
Derecho como disciplina.


La denominada pandemia ha sido un gran instrumento de canalización
cultural de un sistema totalitario. Nada se puede discutir, esta
prohibido. Se supone estamos saliendo, pero las medidas de restricción
de libertades reales son mas agudas que hace un par de meses; mientras
Europa esta en pie de guerra contra el pasaporte verde, acá todos
agachan el moño, evidenciando cuan escasa importancia da el chileno
medio a la noción de libertad. Es que sin individuos libres, la
democracia es un sistema fracasado y vacío. La libertad es mucho mas que
un valor y un derecho, es una forma de ser y de ver el mundo, mucho me
temo caímos en un colectivismo que prefiere entregar la libertad a
cambio de un supuesta seguridad traducida en un IFE, diez por ciento, y
lo que esta insurrección y la dictadura sanitaria ofrezcan, y cada vez
ofrecerán menos. La pandemia ayudo a matar la libertad, justo lo que la
revolución necesitaba.


El miedo es consustancial al ser humano, es mecanismo de defensa,
siempre y cuando sea enfrentado y superado. De lo contrario, puede
transformarse en terror, la diferencia es que el miedo moviliza, el
terror paraliza. Y el chileno medio hoy esta muerto de miedo. Es mentira
creer que después de Noviembre o diciembre las cosas mejorarán, no es
así vienen tiempos durísimos, pero para superar la crisis total que nos
afecta, debemos antes frenar y disolver esta revolución que nos esta
deconstruyendo como nación y como Estado. ¿Seremos capaces?

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