En
medio del desorden político que hay en nuestro país surge la pregunta
de ¿por qué la extrema derecha se ha mostrado tan contraria a la reforma
de la Constitución? Los análisis pueden ser diversos, pero hay algunos
aspectos que son innegables y nunca lo querrán reconocer: tienen miedo.
Sí.
Las primeras señales vienen de la campaña del terror afirmando que si
no salía Piñera como Presidente nuestra sociedad sería un próximo
Chilezuela. ¿Se habían olvidado? El discurso se tomó la agenda de todos
los candidatos de su sector y los ciudadanos asustados corrieron a darle
sus votos pensando que “es mejor un diablo conocido que un santo por
conocer”.
La
siguiente señal se dio durante el estallido social de octubre de 2019,
con concentraciones multitudinarias en todas las ciudades del país que
implicó el temor del sector alto de la capital que sufrió durante
semanas pensando que los manifestantes llegarían a saquear sus casas
como si fuera un ejército invasor. Muchos analizaron la posibilidad de
irse del país y fortalecieron el concepto de zurdería como un incentivo a
mantener sus posiciones, aunque fuera desde la base de una trinchera
que se iba achicando día a día. Y el terror pasó, porque vino el acuerdo
sobre el plebiscito.
Desde
el primer momento, y a pesar de las caras de desagrado de aquella
noche, comenzó la campaña para echar por tierra ese evento tratando al
pueblo con el garbo latifundista del cual no se han podido desprender.
El 80/20 les demostró que el sentimiento de la nación quiere un cambio y
se abocaron a inflar su participación en la Asamblea con una lista
única a nivel nacional frente a los apetitos de los del Apruebo que no
pudieron generar acuerdos para hacerles frente. La estrategia también
les falló, y de los pocos que quedaron se destacan algunos que por
ningún motivo (aunque lo encubran) aceptarán cambios profundos como los
que se requieren para nuestra nueva sociedad. Ya veremos sus votaciones.
Hoy
ha comenzado una nueva campaña que, lamentablemente, se ha difundido
por numerosos sectores: desprestigiar a la Asamblea Constituyente
mediante las burlas, mentiras, estrategias comunicacionales, para que la
comunidad la vea como “el mal” que ellos mismos habían propugnado en
sus campañas previas. El avance será lento y el resultado (a pesar de
los torpedos), no me cabe duda, será ejemplar. Y aunque no lo quieran
aceptar contendrá la sabiduría de la nación que los eligió. Como
presienten el resultado, vemos como Axel Kaiser se ha tomado una bandera
que invita, desde ya, a que la ciudadanía vote por el rechazo en el
plebiscito de salida (sin siquiera saber el texto). Todo el proceso
descrito es un sabotaje.
Ahora
bien, la pregunta es ¿por qué tanto miedo a los cambios? Esto se
conjuga con una sensación de culpa que está impregnada en la piel de
quienes han tenido el poder en nuestro país. La culpa de saber que sus
padres y abuelos fueron partícipes o cómplices obsecuentes de un régimen
que causó mucho daño a nuestra nación y temen la revancha. Luego de las
lesiones, mutilaciones y eliminación de miles de ciudadanos se
olvidaron de todo, porque el país entró en un proceso de “transición”
(que aún no termina). Vivieron y aprovecharon las condiciones que el
sistema les otorgó para crecer en lo económico, burlarse del mismo a
costa de las lagunas legales
y silenciar abusos que hoy están en manos de los tribunales en juicios
que han durado años y que aún no tienen un final visible.
Se
han tomado la imagen del mundo militar como parte de su esfera de
acción y comparten con ellos la sensación de culpa por el pacto de
silencio que pesa en la conciencia colectiva y de los cuales las nuevas
generaciones no tienen ninguna responsabilidad, pero que nada pueden
hacer para revelar las verdades que nuestro país requiere. Pero es una
situación compleja, porque esa culpa les hace creer que las harán
desaparecer o infiltrar y por ello se aferran a los miedos que les
imponen los candidatos duros que se aprovechan y procuran alinearlos
para las próximas elecciones.
La
Comisión de DD.HH. de la Asamblea Constitucional ha pisado el palito y
ha dado pie para tener en la palestra a un personaje irrelevante para la
política nacional y que ejerció su derecho a integrarla y que ha puesto
en jaque el concepto de democracia que tanto defienden sus detractores.
Si fuera por “negacionista”, hay que considerar que los 20.000 votos
que obtuvo también lo serían y es bueno que todos los sectores oigan los
dolorosos relatos de los que expondrán,
porque las heridas no se curan cerrando de piel si no se han limpiado y
suturado las capas interiores de las lesiones, incluso las más
rebeldes. Si no se hace, se pudre la carne y la gangrena mata al
paciente.