Entre la espada y la pared

En muchas ocasiones de nuestra vida nos hemos encontrado en situaciones donde debemos tomar decisiones y donde lo menos malo es una buena alternativa. Si; lo menos malo es una alternativa entre tantas otras que debemos considerar. De hecho, ¿Cuántas veces hemos votado por el menos malo o por lo menos malo? En esta oportunidad nuevamente estamos “Entre la Espada y la Pared”, es decir, nos encontramos en un momento de nuestras vidas donde debemos tomar una decisión en materias de constitución; que recordemos se refiere a las bases de nuestro Estado. Es ahí la importancia de aquello.

Pues bien, por un lado, se nos indica que votar por una opción terminará de una vez por todas con las propuestas constitucionales, es decir, es el punto final a una discusión que comenzó más bien en la esfera política el año 2019; año del estallido social. Puedo apostar a que todos recordamos las multitudinarias marchas que aclamaban las injusticias de nuestro sistema estructural, y como la clase política vio una oportunidad para plantar una semilla: la constitución. Hay un dicho por ahí, que dice algo como que: “después de la guerra todos somos generales”. Tiene bastante de cierto ya que, al mirar atrás, podríamos habernos ahorrado los más de $68 mil millones de pesos del primer proceso constitucional -que por si acaso incluyen los plebiscitos- y sostener una batería de reformas que hubieran considerado las demandas sociales. Para que se hagan una idea, dicho monto es similar al elefante blanco del Centro Antártico Internacional que no logró ofertas. Recapitulando, creo que la clase política se vio superada el año 2019 y escogió lo que consideró como el camino menos malo.

Pero volvamos atrás. ¿Será verdad que si votamos por una opción se terminan los procesos constitucionales? Pienso y creo que, si votamos de una u otra forma, las discusiones sobre nuevas aventuras constitucionales terminaron. Por supuesto, existe un grupo de la política que insistirá en el tema, no obstante, dicho conglomerado tiene una débil fuerza política frente a la sociedad chilena. De modo, que el eslogan “vota para terminar con las discusiones constitucionales”, es más bien, una interesante propuesta de marketing que resume lo que la sociedad chilena quiere escuchar.  Pero cuidado, el seguir ese eslogan hace que votemos sin reflexionar, ya que debemos recordar que en esta ocasión votamos sobre una propuesta constitucional y sus artículos, y no por seguir o no con las propuestas constitucionales. Existe una diferencia importante en aquello.

Si nos adentramos en la propuesta constitucional, debemos considerar la apertura de aspectos valóricos que como sociedad ya habíamos cerrado. Aspectos que son parte más bien de un Chile conservador. Llama la atención que sólo un cambio de un pronombre pueda colocar en riesgo el “aborto en 3 causales”. El cambiar el “que esta por nacer” por el “quién está por nacer”, abre una discusión importante, debido a que el pronombre “que”, alude a algo genérico, mientras que el pronombre “quién”, entrega la condición de persona. De modo, que nuevamente se abre la discusión sobre en qué momento surge la condición de persona. Lo anterior, es sólo un ejemplo de muchos conceptos que llevan a retomar discusiones que en Chile se habían cerrado, y que por un tema de tiempo no logramos desarrollar en esta columna. Pero temas como, libertad de conciencia, contribuciones, propiedad privada, pensiones; guardan en su interior los mismos dilemas. De modo, que al encontrarme “Entre la espada y la pared” la mejor opción es tener que elegir lo menos malo y aquello es mantener lo que tenemos como carta fundamental. Bueno, veremos quién más piensa similar este domingo 17 de diciembre, donde más de 15 millones de chilenos deben acudir a las urnas a depositar su decisión.

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