El
envejecimiento implica una serie de cambios morfológicos y fisiológicos
en todos los tejidos, y su conocimiento permite comprender las
diferencias fisiopatológicas entre los adultos mayores y el resto de la
población adulta. Los cambios asociados al envejecimiento son múltiples,
y su análisis completo pudiera terminar en una lista interminable.
Diversos autores han mostrado que el envejecimiento se asocia a la
aparición de cambios estructurales y declinación de la función renal.
Sin embargo, no existen a la fecha estudios que demuestren cambios
específicos del envejecimiento Tampoco es claro qué proporción de la
caída en la función renal es fisiológica y qué proporción es
secundaria/asociada al daño cardiovascular o a factores clásicos de
riesgo de Enfermedad Renal Crónica (hipertensión arterial, diabetes
mellitus, tabaquismo). De hecho, estudios poblacionales han demostrado
una mayor prevalencia de Enfermedad Renal Crónica (ERC) en ancianos
(15%-50% en los mayores de 70 años) siendo la edad el principal factor
de riesgo para ERC. Con la edad se observa pérdida de parénquima renal,
que es de aproximadamente 10% con cada década de la vida después de los
40 años. El peso renal normal se ha estimado en 250-270 gramos (40-50
años de edad) disminuye a 180-200 gramos entre los 70-90 años,
fundamentalmente por adelgazamiento de la corteza renal. El
envejecimiento se asocia además a cambios en la vasculatura:
engrosamiento de la pared arterial, esclerosis de las arterias
glomerulares, disminución de glomérulos funcionales por oclusión. El
flujo plasmático renal disminuye aproximadamente 10% con cada década
después de los 40 años, lo que se asocia con redistribución del flujo
sanguíneo hacia la médula renal .La velocidad de filtración glomerular
(VFG) alcanzaría hasta 140 mL/min/1,73 m2, con una caída de 0,4 -1,02
mL/min por año después de los 40 años. Sin embargo, hay que recordar que
existe mucha variabilidad interpersonal en la disminución de la VFG con
la edad. A nivel histopatológico, la membrana basal glomerular presenta
engrosamiento, que en ciertos glomérulos se asocia al depósito de
material hialino y colapso capilar (arteriolas aglomerulares). La
esclerosis glomerular llega hasta a un 30% de la población glomerular en
la octava década de la vida. Además de los trastornos estructurales
mencionados, se ha sugerido que el aumento de flujo sanguíneo medular
renal se debe a la disminución en la producción/respuesta a las
sustancias vasodilatadores, como el óxido nítrico (NO), prostaciclina y
el factor hiperpolarizante endotelial. En cuanto a la función de los
túbulos renales,
se ha demostrado una disminución de aproximadamente un 20% en la
capacidad de concentrar la orina de sujetos en la sexta década de la
vida. Estudios en animales muestran disminución en la respuesta a
vasopresina a nivel de receptores de membrana celular, acompañada por la
caída en la expresión de canales de agua y disminución en los
transportadores de urea. La disminución de la capacidad de dilución de
la orina haría a los sujetos de mayor edad más propensos a la
hiponatremia en el contexto de sobrecarga acuosa. Normalmente el
envejecimiento no afecta los valores basales de electrolitos plasmáticos
(sodio potasio y cloruro), y tampoco se observa alteraciones
manifiestas en la capacidad de mantención del balance hidroelectrolítico
en condiciones de dieta balanceada y disponibilidad libre de agua para
ingesta. Sin embargo, la capacidad de adaptarse frente a cambios agudos
en el balance hidroelectrolítico se ve disminuida, lo que explicaría la
mayor incidencia de trastornos hidroelectrolíticos en los adultos
mayores hospitalizados.