Errores, equivocaciones, faltas… los hay, las hay, por supuesto, hay, y habrá. Es de humanos errar, fallar, equivocarse.
Lapsus.
Los hay de diverso tipo, ya tan solo en el decir habría lapsus linguae,
que consiste en un “error involuntario que se comete al hablar”. Luego,
si tenemos la suerte de que se hable y escriba, habría lapsus cálami,
que es un “error mecánico que se comete al escribir”. Y la verdad sea
dicha, no estamos exentos de un lapsus memoriae, que puede consistir en
“un sencillo desliz de la memoria”. Todo lapsus es, en definitiva, un
resbalón al hablar, al escribir o al olvido. ¿Han olvidado un nombre,
una fecha, un número, un cumpleaños, un compromiso, una tarea,… ? ¿Han
“borroneado” un texto, han tachado su escritura, han reescrito
algo,…? ¿Han usado una palabra de modo inadecuado, o con
imprecisión,…? ¿Les ha sucedido? ¿No? ¿Sí? ¿Alguna vez? O, ¿somos más
expertos en detectar los errores en el otro?
En
el proceso de enseñanza-aprendizaje, en general, y en particular, en la
adquisición o aprendizaje de lenguas estimulamos el error, que en el
decir, si se falla, bien, no es malo, pues del error sí se aprende. Es
mejor decir, que no decir, hablar, que no hablar. En el aprendizaje y
enseñanza de lenguas, aquello de mejor no hablar, no responder, pues así
no nos dicen que fallamos, no vale.
En
otros ámbitos de la vida, todos solemos cometer errores, no hay quien
esté exento de incurrir en ellos. Tropezamos varias veces, resbalamos
otras tantas. La idea sí es no cometer tantos, aprender de ellos, no ser
tan duros con quienes los cometen, pues para ejemplo y espejo, tenemos
un referente propio, muuuuy cercano.
¿Cómo
hacer? ¿Cómo hacer para no cometerlos ni de modo reiterado? Detenernos
un poco, reflexionar a la vez, documentarnos debidamente, consultar
también, no atolondrarse. Nadie es infalible, somos imperfectos. Solo
eso, y los errores se reducirían bastante.
Algunos
de estos errores no son advertidos, sin embargo, otros son percibidos, y
amplificados, incluso con burlas, escarnios en las redes sociales,
llegando a mofas, sarcasmos, incluso motes. El que esté libre de culpa
(o falta),…
Quien
incurre en error, si se percata, que innove, corrija, mientras más
temprano, mejor. Si la falta es al hablar, y se da cuenta, que corrija
de inmediato. Si el lapsus es al escribir, y ni el corrector avisa, y sí
es advertido por el receptor, que avise y así se enmienda la falta. Si
el lapsus es de memoria, de olvido, o de imprecisión enciclopédica, la
advertencia del receptor, sea oyente, lector o espectador, debe ser
comunicada para corregir el mensaje primo.
Errare humanum est, ignoscere divinum! ¡Errar es humano, perdonar es divino!