¡Es la economía!

Las
últimas encuestas de opinión nos confirmaron que los chilenos -además
de estar especialmente preocupados por la seguridad- estamos inquietos
por el estado de nuestra economía. Todos, qué duda cabe, observamos con
estupor cómo mes a mes los productos que compramos suben de precio.

Esta
semana, por cierto, nos enteramos de que el panorama es más sombrío del
que creíamos. Debido a la depreciación del peso y al aumento del precio
del dólar, el Banco Central actualizó sus proyecciones de inflación. En
efecto, el instituto emisor ahora proyecta que el Índice de Precios al
Consumidor (IPC) se ubicará “algo por debajo del 13%” a diciembre de
este año. Una cifra muy alejada de su rango meta y, por desgracia,
especialmente perniciosa para los más pobres.

Por
el lado del Producto Interno Bruto (PIB) la situación no es más
auspiciosa. De hecho, Chile sólo crecería entre un 1,75% y un 2,25% este
año, mientras que el 2023 nuestro producto se reduciría en incluso un
1,5%. Uno podría creer que el panorama de nuestros vecinos es peor o, al
menos, similar. Sin embargo, el futuro cercano de Chile es desolador:
según el Banco Mundial, el 2023 tendríamos el peor desempeño de
Latinoamérica y el Caribe.

Por
otra parte, nuestro mercado laboral ha sufrido las consecuencias de la
inflación, toda vez que los salarios reales suman 11 meses consecutivos
de caídas. En simple: aunque los sueldos nominales han subido, el poder
adquisitivo de millones de chilenos se ha reducido. Finalmente, debo
señalar una nueva lamentable noticia: el sueño de la casa propia se ve
cada vez más lejano para muchos chilenos, ya que los ahorros han
disminuido y el número de créditos hipotecarios ha caído más de un 40%
en lo que va del año.

Ante tamaña crisis, la pregunta que surge es qué debe hacer el gobierno. Con el fin de mitigar sus efectos, el Ejecutivo debe
utilizar la política fiscal con prudencia y responsabilidad. Por ello,
son valiosos los esfuerzos del ministro Marcel en el Proyecto de Ley de
Presupuestos 2023. Como ex Subsecretario de Hacienda, celebro el
esfuerzo por mejorar el balance estructural y la intención de agilizar
el avance de los proyectos de inversión.

Sin
embargo, es especialmente preocupante el avance en paralelo de tres
iniciativas legislativas que -de aprobarse tal como las propone el
Ejecutivo- pondrían en jaque nuestra recuperación económica. Me refiero a
la Reforma Tributaria (la cual, en su formulación actual, castiga a la
inversión), al Proyecto de Jornada de 40 horas (que no avanza en la
necesaria adaptabilidad) y a la Reforma de Pensiones (si bien aún no
ingresa a tramitación, difícilmente fortalecerá al mercado del trabajo y
al mercado de capitales). Se trata, a mi juicio, de un cóctel explosivo
para la economía.

En definitiva, los chilenos confiamos en que nuestras autoridades económicas se encuentran analizando rigurosamente el escenario
nacional y el internacional. Por lo mismo, esperamos -por el bien del
país- que adopten decisiones que nos beneficien en el largo plazo,
flexibilizando sus posiciones iniciales en caso de ser necesario. En
definitiva, Chile no solo necesita controlar la inflación, sino que
también necesita crecimiento, inversión, certeza jurídica, incentivos al
ahorro y estabilidad macroeconómica.

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