Columna Análisis /Nelson Cárcamo Barrera / Profesor de Estado
Resulta ser, que todas estas experiencias engrosarán el bagaje que acumulen
de aquí a cuando sean adultos y por ende, implementarán las cientos de historias y anécdotas que
narrarán más tarde a sus propios hijos., haciéndoles notar de paso, el significado que se atesora de ese núcleo
llamado familia.
Hoy., pareciera no importar
demasiado el concepto y observamos como
surgen nuevas corrientes e ideas de diversas tendencias que pretenden desvirtuar éste pilar que por
tiempos inmemoriales ha trascendido en las sociedades.
Con el correr de las semanas, nos
hemos transformado en testigos pasivos de una situación que no puede dejarnos
indiferentes. Instituciones u organismos que han asumido en algún momento
responsabilidades, como resulta ser el
hecho de erigirse, en guardadores
y/o tutores de menores que lo
requieren, faltando a la confianza que se ha depositado en sus capacidades y profesionalismo, develando una vez más,
lo frágil y sensible que suelen ser estos sistemas.
Es tan paradójico, dependiendo las
circunstancias nos transformamos en fieros defensores de derechos y cuidados de
nuestros animales o mascotas, lo que a
todas luces me parece perfectamente bien, lo que si recomiendo y con el respeto
que ustedes me merecen; volquemos esos mismos
esfuerzos y capacidades, en preservar el cuidado y protección que se
merecen nuestros niños y niñas. Si ustedes han seguido tales acontecimientos,
convendrán lo desgarrador que
resulta conocer detalles y conductas aplicadas que solo logran
desconcertar.
En éstas festividades pasadas y en las cuáles los niños (as) se constituyeron en el centro de atención, no hacen otra cosa
que validar el pensamiento enunciado por Jesús, cuando sus discípulos ponían en el tapete de la discusión, el hecho
de quién de ellos “ era el mayor” . . . el Maestro respondía: . . . si no os volvéis y os hacéis como
niños, no entraréis en el reino de los
cielos. . .”
De lo que se desprende, la enorme responsabilidad que se asume con éstos
pequeños y que conlleva un enorme
compromiso con las respectivas familias.
Por ello, resulta comprensible el dolor y la desesperanza que acusan al momento de conocer verdades tan
irrefutables como las publicitadas.
Sin temor a equivocarme, creo que
todos como miembros de una sociedad como la nuestra, debe constituirse en
vigilante permanente de nuestros menores.
Prevenir a padres y tutores de cualquier actitud o conducta que nos
parezca sospechosa y que atente contra la integridad de ellos. El actuar
oportunamente, permitirá preservar generaciones sin odios ni rencores y lo más
importante, que convivan en un ambiente pleno de esperanza y felicidad.
Los más adultos no podemos soslayar nuestra responsabilidad y debemos
ofrecer un medio libre de riesgos y peligros. Espacios armónicos y
saludables en donde la real y autentica
sana convivencia sea una plena realidad.