Los Presidentes de Chile
han sido, a lo largo de nuestra historia, la real no la sesgada por
miradas ideologizadas y teñidas con interpretaciones neo marxistas
gramscianas, personas ejemplares, en todo sentido, respetadas,
respetables y dueños de una cultura notablemente alta y un espíritu de
servicio público que se aplaudía, más allá de las naturales diferencias
en las personas.
Recuerdo,
niño aún, en un viaje de estudios a Santiago, el curso completo,
profesores incluidos, nos detuvimos y le abrimos paso a don Jorge
Alessandri que, sin escolta visible, se dirigía a La Moneda.
Tiempo
después y ya adolescente, advertimos la presencia de do Eduardo Frei
Montalva, protegido por oficiales de la Policía de Investigaciones,
entre ellos más de un par de “Guatones de la Pepé”, apodo por ser
robustos, pero ágiles y vigilantes.
Años
después, divisamos a Salvador Allende, en medio de un dispositivo de
seguridad – sus amigos del GAP – con numerosos autos Fiat Special 125 y
con poderoso armamento a la vista de todos.
Ya
en años posteriores, los Presidente estaban más resguardados porque las
condiciones de Chile habían cambiado y la violencia acechaba la
política chilena: el general Augusto Pinochet; Patricio Aylwin, Eduardo
Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, en
dos períodos cada uno, se veían lejanos, detrás de vallas y cordones
policiales, pero ellos mantuvieron la imagen histórica de los
Presidentes de Chile.
Pero,
en el último tiempo, lamentablemente, nuestra circunstancia nacional,
había sido modificada y no para mejor, porque las inconsistencias del
nuevo gobierno le restó credibilidad a la gestión emprendida por Gabriel
Boric y su equipo.
Esos
errores no forzados provocaron risas, primero, rabia, después y crearon
una imagen negativa que han recogido casi las encuestas de opinión
pública… Y todo eso ha llevado a la falta de respeto por el nuevo
Presidente de la República, haciéndolo protagonista de chistes, mofas y
muchas críticas, algunas hasta crueles y destempladas, pero es el
reflejo de una situación que la gran mayoría de la comunidad no acepta,
pero lo siente y no puede dejar de recordar a los Presidentes “de
antes”.
¿No
será hora de cortar más de un sainete? ¿De actuar con coherencia en la
gestión? ¿De decir las cosas por su nombre? ¿De dejar de vivir de
anuncios? ¿De asumir la verdadera realidad – inflación, delincuencia,
narcoterrorismo en la Araucanía y en las principales ciudades chilenas,
entre otros dramas nacionales, entre muchas cosas negativas que, a Dios
gracias, aún no se manifiestan tan gravemente en Magallanes, en Punta
Arenas?
Yo
miro hacia el futuro de las de las nuevas generaciones, cuya visión
está obstruida por promesas remendadas – como lo del CAE, por ejemplo –
pero sé y tengo la certeza de que habrá cambios de verdad no sólo en el
engendro de la engañosa propuesta constitucional, sino
que en la conciencia y en los corazones de los jóvenes chilenos, porque
la llama de la libertad y el amor a Dios, la Patria y la Familia,
seguirá ardiendo porque Chile lo merece y lo necesita y eso sería el
mejor homenaje a la memoria, labor y entrega de “los Presidentes de
antes”.-