“Ojalá aquí no haya nadie de derecha, y si son de derecha son super malos, porque para ser de derecha primero hay que ser ricos. Aquí en Chile estamos llenos de ignorantes que se dicen de derecha y son pobres. Por consciencia, aquí nadie debería ser de derecha. Al declararse de derecha estás defendiendo los intereses de quienes nos explotan… ¿Cuál es la idea de la izquierda? Que el Estado debe controlar”. Este es un extracto de una grabación realizada en clases, al parecer, de historia del prestigioso Liceo Contardi. Si bien, al momento de escribir la columna el hecho estaba siendo investigado, los detalles son vox populi. Una profesora que debiera educar a nuestro niños a pensar críticamente invita a despreciar personas que piensan distinto, denotando no solo una posición política que no compartimos y que creemos a la luz de la evidencia mundial, fracasada, sino también fomentando el odio contra otros. Pero aquello no nos impacta ni molesta… porque justamente creemos que toda persona tiene el derecho a pensar y expresarse libremente. Sin embargo, la libertad supone ciertas responsabilidades básicas como no violar la libertad de un prójimo. En este caso, la profesora no solo expresa su pensamiento, sino que mediante una vil coerción abusa de su posición en un aula de clases, atropellando a sus propios alumnos al catalogar de malos a los que no piensan como ella, ignorantes, pobres o defensores de explotadores. Ni siquiera, la profesora de historia cumplió su función pedagógica de enseñar para la cual el Estado le paga su sueldo con los impuestos de todos los capitalistas, ya que a todas luces su objetivo era otro, el de adoctrinar a sus niños, sumergiéndose por debajo del mínimo estándar ético que debiera tener un maestro. Por ello, Magallanes Piensa que los padres y apoderados deben defender la libertad de elegir la educación de sus hijos sin imposición del Estado. Justamente, son las sociedades más pujantes y creativas donde los estudiantes logran desarrollar en plenitud sus talentos alcanzando resultados valorables en la construcción de sus propios proyectos de vida. Dichas sociedades se basan en la libertad de los padres de elegir el tipo de educación que consideran apropiada para sus hijos, sin tómbolas. Simplemente, el Estado controlador de izquierda no tiene cabida en la construcción de una juventud emprendedora e innovadora, y aquello, no se contrapone con la educación pública o privada, gratis o pagada. No son pocos los que han pedido la destitución de la profesora de historia. Por cierto, nos parece un error por muy desgraciado y de supino prejuicio su discurso. Al contrario, creemos que el intento de adoctrinamiento de escolares dentro de un aula es repudiable, independiente si compartimos o rechazamos el discurso en su fondo. Pero la ideas, por fracasadas que nos parezcan se combaten con diálogo, razón y la fuerza de mejores ideas. Todos los que creemos en la libertad deberíamos estar dispuestos a confrontar con ideas a personas totalitarias que abusan de su posición, defraudando la confianza depositada de familias magallánicas en profesores que guían a sus hijos. Sugerimos a los directivos educacionales, una vez conocidos los resultados de la investigación, nos inviten a debatir frente a la profesora y delante de los estudiantes, para que ellos tengan, al menos, la oportunidad de formarse libremente un juicio respecto de lo que implica vivir en una sociedad controlada por el Estado o vivir en un mundo que propicie la libertad de sus ciudadanos. Decencia y coherencia obliga aceptar a la aludida.