Posiblemente
Ud. se recuerde de esa frase, escrita en un pedazo de papel adherido a
la punta del taladro que descubrió la cavidad subterránea en que estaban
enterrados los mineros cerca de Copiapó. Era que no, porque la mano
presidencial de la época, hace ya más de una década, que es exactamente
la misma de hoy, paseó dicho papel por todo Chile y el extranjero
incluso. Fue el momento álgido del primer gobierno de Piñera, y ahí
comenzó su declinación.
Hoy como en ese entonces, la mano presidencial tiene un nuevo
“símbolo”: las vacunas contra el Covid-19. Desde temprano en la mañana
hasta el cierre en las noches, los noticieros se refieren a la
vacunación masiva y como avanza, y no es el tema sanitario lo que me
motiva esta columna, sino el símil de como un hecho es utilizado, siendo
de índoles distintas, para imponer un tema único de ocupación nacional.
Y reitero, “ocupación”, pero que no puede ni tapar ni evitar la
preocupación que sí tenemos muchos chilenos que vemos más allá de la
campaña de vacunación.
Ojalá esas preocupaciones se solucionaran con solo dos inoculaciones,
pero no es así, es más, ni siquiera son abordadas por el país, gobierno y
oposición unidas, y aun a riesgo de hacerme antipático con muchos
autocomplacientes, no puedo evitar mencionarlos.
Lo primero, de norte a sur, es que, en el hecho, se demostró que Chile
tiene por omisión, como la izquierda quería, una política de fronteras
abiertas. No solo por Colchane, más de 1.000 inmigrantes diarios
ingresan ilegalmente a nuestro territorio y a través de redes
organizadas, terminan colándose al resto del territorio nacional,
terminaran, aunque sea en una carpa en la Alameda en la capital,
demandando millonarios servicios de origen fiscal a los que los chilenos
no tenemos acceso, incrementaran la pobreza, la cesantía y la
delincuencia organizada que se apoderó de nuestras ciudades. Hoy
ingresan desde Bolivia y Perú, pero perfectamente podrían ingresar a
través de Argentina y Magallanes gracias a la permisividad del gobierno
socialista argentino siempre interesado en debilitar a nuestro país y
quedarse con su extremo austral.
Es
un hecho que el Estado de Chile perdió el control del territorio de la
Araucanía. Todos los días, atentados, asesinatos, robos, incendios y
crecientes demostraciones de fuerza y armamento por grupos
incontrolables. Nadie lo intenta siquiera sobre todo después del
ridículo policial de Temucuicui. Pronto ya ningún camión se atreverá a
pasar por ese territorio, a ningún conductor le gusta que le disparen, y
puede venir una grave crisis de abastecimiento para nuestra región.
El
hecho de lo acontecido en Panguipulli hace pocos días, nuevamente puso
en movimiento el “sistema de la desinformación”, y se concentró a la
opinión pública en la muerte de un antisocial a tiros de la policía, y
en todas las voces alzadas exigiendo, realmente, la disolución o
intervención de Carabineros instando por su desaparición. Nadie quiere
se atienda lo grave que representa un verdadero ejército de guerrilla
urbana que casi destruyó incendiando esa ciudad. Ningún detenido,
investigado ni menos formalizado, lo mismo trataron de hacer en
Villarrica, demostrándose una organización de nivel nacional en que
todos los factores aparecen relacionados, insurrección, atentados,
armamentos, extranjeros, crimen organizado, una realidad subyacente,
pero que podríamos hacer, es cerrar los ojos. No, la vacuna no puede
tapar todo esto, ni menos solucionarlo. Mucho me temo que a la dictadura
sanitaria que por casi un año nos ha regido, se suma la tiranía de
desinformación y manipulación mediática que han creado la falsa
sensación que la vacuna soluciona el Covid y, solucionándose este, todo
vuelve a ser “perfecto”, lo que nunca fue.
La nueva constitución deberá explayarse sobre qué garantías y
libertades esenciales vulneran esta clase de manipulación mediática cual
desfile de verdades “a medias” configuran una vulneración a los
derechos fundamentales. Un país que oculta sus problemas y errores está
condenado a solo reiterarlos y profundizarlos.