Estamos en la B

El gobierno lo logró con creces. Transformó la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en un evento de polarización y contagió a todos los sectores políticos a enfrentarse en la trinchera. Creo que hoy la inmensa mayoría de los chilenos quiere que sea 12 de septiembre, que pase rápido este tema, porque no ha existido visión para transformar este hito en algo constructivo para el país.

Todos están conscientes de lo que significa la fecha, pero el gobierno lo catapultó a una oportunidad perdida. Cuando revisamos la encuesta Criteria, un 56% de los encuestados cree que esto “nos divide como país”. Son 40 puntos más de quienes creen o piensan que esta fecha “nos une como país”. Cuando revisamos la encuesta Cadem, un 48% cree que la seguridad debería ser el principal tema al que el gobierno le dedique más tiempo y esfuerzo, y apenas el 1% a la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado. 

El gobierno dinamitó todo por esta conmemoración. Hizo de los 50 años del Golpe su propio escudo, su política de gobierno, dejando de lado cualquier atisbo de conmemoración transversal, creando polarización e incluso provocando que la Derecha retrocediera en muchos de los aspectos y conclusiones que había trabajado respecto a la fecha. 

No puede ser que el ejecutivo dispusiera, de todo lo que va del año 2023, sus fichas en esta conmemoración, mientras por otro lado, en su agenda local, ciudadana y legislativa, no se muestren resultados. O no se vean simplemente resultados. El levantar esta conmemoración como el “gran tema del año”, hastió a la ciudadanía, que ya madura, comprende el concepto, la visión de país, la reflexión que debe traer esta fecha. 

No puede ser que el Presidente ande apuntando con el dedo y saque a colación a la oposición. Bien sabe el mandatario, y así lo mostró muy bien cuando fue diputado, que la política es dura y que mostrarse superior moralmente, nunca es bueno a la hora de buscar resultados y acuerdos en temas que sí le importan a la ciudadanía cuando te toca ser parte del ejecutivo. 

La gran pregunta que queda para el enjambre político: ¿Qué va a hacer el gobierno después del 12 de septiembre? ¿Qué va a mostrar el gobierno? Si el escenario que deja hasta el momento es tener los puentes cortados con la oposición gracias a su propia conducta, imponer unilateralmente reformas, no traspasar sus líneas rojas, y con su coalición dividida entre el pragmatismo y el ideologismo. 

Uno espera del Jefe de Estado una actitud sobria y republicana. No que se convierta en un juez moral.

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