Estatuto Antártico Chileno: un paso en la dirección correcta

Fue en junio del año pasado cuando en una sesión de la sala del Senado hice mención del retiro del personal civil que vivía en la Villa Las Estrellas de la Antártica debido a que sus casas se estaban cayendo a pedazos. En esa oportunidad, señalé con mucho énfasis que nuestro país no estaba tomando el tema antártico con la seriedad que se requería. A partir de aquello y tras reunirme con el entonces Comandante en Jefe de la FACH, Jorge Robles, y posteriormente con el ministro de Defensa, Alberto Espina, fue que se gatilló una reunión extraordinaria del Consejo de Política Antártica que, hasta ese momento, presidía el ex-canciller, Roberto Ampuero. De hecho, uno de los compromisos de esa reunión fue que el Gobierno pondría urgencia a la discusión del Estatuto Antártico.

Traigo esto a colación a raíz de la votación del martes pasado en la sala del Senado donde, por unanimidad, se aprobó en general el Estatuto Chileno Antártico -que fue uno de los compromisos del Consejo de Política Antártico que mencioné-, lo que constituye un importante primer paso para relevar el enorme potencial que tiene nuestro territorio en el continente blanco para el desarrollo del país y obviamente de Magallanes, que debe hacer palpable aquel concepto de ser la puerta de entrada a la Antártica.

Nadie medianamente informado puede desconocer la importancia que está cobrando esta zona del planeta, considerada como un verdadero laboratorio natural para el estudio del Cambio Climático, quizás el desafío más grande que deberá enfrentar la humanidad durante este siglo y cuyos devastadores efectos ya estamos viendo en todos los rincones del planeta. Asimismo, el interés por desarrollar una industria turística es un hecho evidente que, como región, debe movernos a generar las condiciones que nos hagan competitivos frente a nuestros vecinos, que nos llevan ventaja.

Pese a la evidencia, considero que aún nos falta avanzar mucho más rápido en asumir, como región, los desafíos que este tema nos plantea. Lo conversaba hace unas semanas con el ministro de Ciencia y Tecnología, Andrés Couve, a quien le hice ver la necesidad de generar un sentido de pertenencia antártica que involucre a todo Chile, pero que debe partir en Magallanes. Son loables los esfuerzos que ha realizado en este sentido el INACH (Instituto Antártico Chileno) y la Universidad de Magallanes, pero es evidente que se necesita de mayores recursos para investigación que, a la par, vayan de la mano de acciones ciudadanas que nos hagan sentirnos parte de la Antártica.

Reconozco el compromiso del ministro Alberto Espina con esta causa, pero considero que el Gobierno en su conjunto debe dar señales concretas con mayor celeridad. Si bien se avanza con el Centro Sub-Antártico, aún está pendiente el Centro Antártico Internacional que, a mi juicio, debe constituirse en el ícono de una región que se reconoce a sí misma como zona antártica. Este recinto debe ser centro de investigación científica local pero abierto a la colaboración internacional, además de un lugar de encuentro ciudadano y visita obligada para los turistas que irán en aumento en la medida que la temática antártica vaya cobrando cada vez más relevancia.

Aún tenemos pendiente ampliar la capacidad portuaria de Punta Arenas que nos permita ofrecer una adecuada plataforma de servicios logísticos para países que lo están necesitando y que, de no ser nosotros, buscarán alternativas en otros lugares. En la medida que como magallánicos nos convenzamos de las potencialidades que tenemos con respecto a la Antártica, estoy segura que podremos generar las condiciones necesarias para generar muchos nuevos trabajos, directos e indirectos, que generarán un crecimiento sustentable que nos beneficiará a todos. Se ha dado un primer paso, pero todavía queda mucho por avanzar.

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