En estos días hemos tenido la visita oficial de la presidenta de Estonia, Kersti Kaljulaid, lo cual reafirma las relaciones bilaterales entre ambos países.
Sin embargo para muchos, Estonia es una nación desconocida que, a pesar de todo, está presente en nuestra vida cotidiana.
De aquel país próspero que resurgió de las cenizas del comunismo es donde el desarrollo de las comunicaciones y la implementación de la cibertecnología ha dado pasos agigantados.
De un territorio pequeño y una escasa población, apostó tras la caída de la Unión Soviética por la libertad de comercio, eficiencia del Estado y servicios públicos de fácil acceso evitando una burocratización excesiva.
En los índices de libertad económica del Heritage Foundation y Cato Institute, esta pequeña nación ha ganado espacios agigantados siendo un polo de progreso y desarrollo.
Internet ha sido una herramienta fundamental para generar una vinculación con zonas aisladas, así como también la ciberseguridad y ciberdefensa, enfocando su capital humano a alta tecnología y desarrollo de conocimiento de vanguardia.
El desarrollo de la ciudadanía digital es uno de los procesos que con mucho interés han visto otros países, así como también la generación de emprendimientos en donde el Estado ha logrado generar reglas del juego claras para todos.
La austeridad del gasto público ha sido un pilar de éxito, fomentando la inversión y el desarrollo económico.
Un pequeño país que deberíamos tener a la vista.