Este
sábado recién pasado se puso fin a la primera ronda de participación
ciudadana para contribuir a la actualización de la Estrategia Regional
de Desarrollo de Magallanes. La Estrategia pretende definir, a través
del diálogo, aporte y necesidades de las ciudadanas y ciudadanos en cada
comuna del territorio, las acciones e instrumentos para proyectar los
dineros del Gobierno, con una mirada local, cultural, ambiental y de
género desde su origen. La Estrategia debe definir objetivos,
prioridades y orientaciones del futuro cercano, convirtiéndose de esta
forma en un gran acuerdo social y político para el desarrollo del
territorio y la calidad de vida de sus habitantes. Cientos de ciudadanas
y ciudadanos han concurrido al llamado para debatir esta Estrategia.
Múltiples temas son abordados, la mayoría de ellos relacionados con las
carencias y limitaciones asociadas a nuestro aislamiento geográfico y a
nuestro clima imperante. La necesidad de bienes y servicios son
evaluados y necesitados de manera distinta en una región tan distante
del centro del país. La vivienda, salud, educación, trabajo, transporte y
sobrevivencia tienen características propias que ameritan políticas
públicas diferenciadas por parte del Estado. Y una primera conclusión de
la ciudadanía es que en esta región del país se requiere más Estado,
que empareje la cancha en materia de derechos socioeconómicos de nuestra
población. Pero no solo de pan vive la mujer o el hombre. Las
interacciones entre personas y de ellas con su territorio forman y
diferencian la población y su cultura. En evolución, la alopatría es
cuando parte de una población se aísla geográficamente del resto
generando características diferentes a la población original. Cultural y
socialmente las poblaciones humanas desarrollan un proceso similar
diferenciando a los habitantes de una región con respecto a otras. Es lo
que conocemos como identidad regional. Las magallánicas y magallánicos
tienen una clara conciencia de pertenecer a un grupo humano diferenciado
respecto a la población nacional, que va más allá de su bandera, clima o
el acento cantadito. Tiene que ver con pertenencia e identificación,
tiene que ver con valorar el entorno, tiene que ver con cultura. Nuestra
identidad conlleva cierta calidad de vida, que tiene relación con cosas
pequeñas pero fundamentales. Almorzar en familia, niños jugando en la
calle, casas sin barrotes en las ventanas, poder ver familiares a
diario, disfrutar la naturaleza, respirar aire puro, darse el lujo de
comprar cordero… en fin, detalles, pero también derechos, que nos hacen
ser de Magallanes. Una Estrategia de Desarrollo de Magallanes debe
considerar su gente, su identidad y sentido de pertenencia como parte
fundamental de la planificación, en cada uno de los objetivos que se
pretenden para el nuevo decenio. La actualización de la Estrategia de
Desarrollo tiene el desafío de proyectar nuestra calidad de vida con una
mirada a la experiencia de pandemia. ¿Qué hubiese sido de Magallanes
sin el CADI? ¿Cómo contribuyó nuestra producción de alimentos?
Magallanes debe dar un salto cuantitativo en avanzar hacia la soberanía
alimentaria de su población, y la inversión en ciencia y tecnología es
un medio fundamental para lograrlo. La ciencia debe ser concebida como
una forma de ofrecer soluciones para nuestra calidad de vida y traer
beneficios al conjunto de la sociedad.