Sin duda este es un diciembre muy diferente al de años anteriores. No lo estamos pasando bien producto de la peor pandemia del último siglo. Y, por estos días se convierte en toda una incógnita planear un descanso en los próximos meses, realizar compras de Navidad (muchas de ellas online), hacer el balance del año con el cansancio acumulado, convierten a los últimos días del año en los más tensos y estresantes. Incluso la Navidad, una fecha para el recogimiento, se ha convertido en un motivo de tensión. No sabemos si la podremos disfrutar con familias cercanos o no. Hace un tiempo el director del Instituto del Estrés, Jens Bücher, dijo al respecto que “esto tiene que ver con el gasto y las ofertas propias de esta fecha”. A ello debemos agregar el cansancio, agobio y una especie de “desesperanza” al hacer el balance de lo bueno y lo malo del año, las metas cumplidas y lo que quedó pendiente en un año para el olvido con el Coronavirus. Pero no se debe perder la paciencia, pese a que la presión más grande que nos genera a todo ser humano es el cumplir con lo que la vida nos exige, cumplir con todos, con la familia, los amigos. Esta sensación responde a las demandas internalizadas del tipo: “Siento que tengo que hacer tales cosas”. Por eso hay que tomarse todo con un poco más de calma, porque el estrés lleva a situaciones límites cuando la persona se siente amenazada y por lo tanto, se tensa, sin entender bien el por qué. Magallanes es aún una región donde se puede compartir más en familia. Y no se trata de mirar el vaso medio lleno, pero en vez de quejarnos por muchas de las incomodidades que podemos tener al vivir en la zona más alejada del país podemos vanagloriarnos por las facilidades que tenemos de permanecer con las personas que más importan. Quedan pocos días y es solo deber nuestro el saber manejar estas situaciones que nos provoquen tensión.