Se
llama estrés a la forma en que el cuerpo responde a un desafío o
exigencia. Cuando se está estresado, el cuerpo libera hormonas. Estas ponen en un estado de alerta a la persona, lo que permite que esté lista para actuar. Esto genera que se eleven
la presión arterial, la frecuencia cardíaca, los niveles de azúcar en
sangre, al igual que otros cambios en el organismo. A esta respuesta se
le conoce también como “lucha o huida”.
Hace miles de años,
cuando el ser humano se dedicaba a la caza, el estrés era
indispensable para salvar sus vidas, porque los alertaba para
protegerse contra las amenazas de los depredadores y otros agresores.
Hoy día existen personas que frente a exigencias del diario vivir, como
asumir una carga de trabajo, pagar las cuentas o cuidar las familias y
otras demandas cotidianas, las asumen como verdaderos ataques. De
este modo el organismo puede percibir estas molestias menores como
amenazas. Como resultado, la persona podría sentirse como si estuviera
constantemente bajo ataque.
El estrés es el mecanismo que se pone en marcha cuando una persona se percibe así misma
como sitiada o cercada por un exceso de situaciones que exceden sus
recursos. Por lo tanto, se ven superadas en cuanto a cumplir con lo que
se les demanda. En estos casos, la persona experimenta una sobrecarga que puede influir de forma negativa tanto en el bienestar físico como psicológico.
El estrés no siempre es malo como,
por ejemplo: si un alumno tiene que presentarse a un examen y no
tiene ese nivel de alerta o de estrés necesario podría estar tan
relajado que incluso podría no estudiar. No obstante cuando los factores
estresantes están siempre presentes y la persona se siente
constantemente atacada, la reacción de pelea o huida permanece activa o
estimulada.
La
activación a largo plazo del sistema de respuesta al estrés y la
sobreexposición al cortisol y otras hormonas del estrés pueden alterar
casi todos los procesos del cuerpo. Esto aumenta el riesgo de padecer
muchos problemas de salud, tales como:
-Ansiedad
-Depresión
-Problemas digestivos
-Dolores de cabeza
-Tensión y dolor muscular
-Ataque cardíaco, presión arterial alta y accidente cerebrovascular
-Insomnio
-Aumento de peso
-Deterioro de la memoria y de la concentración.
Por
eso es tan importante aprender formas saludables de combatir los
factores estresantes de la vida. Algunas sugerencias al respecto son las
siguientes:
Establecer prioridades. Decidir qué cosas se deben hacer y qué cosas pueden esperar, y aprender a decir no a tareas nuevas si la persona se siente agobiada.
-Manténgase en contacto con personas que pueden proporcionar apoyo emocional
-Tómese tiempo para hacer actividades relajantes que le permiten disfrutar, como leer, ir al cine o hacer ejercicios con regularidad
-Evite pensar obsesivamente en los problemas. Enfóquese en lo que ha logrado, no en lo que no ha podido hacer.
.En el fondo la persona debe mantener un sano equilibrio entre lo que debe y lo que le agrada hacer.