Para
entender la actualidad política y cómo fue que la nueva elite
gobernante llegó al poder, hay que necesariamente hacer eco de las
movilizaciones estudiantiles por la educación pública. Primero la del
2006, lideradas por estudiantes secundarios o “pingüinos”, y luego la
del 2011. Después de todo, el propio presidente, y algunos de sus
ministros más cercanos, como Camila Vallejo y Giorgio Jackson, figuraron
como líderes de estas movilizaciones. En esa línea, tal como la
historia reciente de la educación pública puede enseñarnos sobre la
actualidad política, quizás su presente pueda decirnos algo sobre el
futuro. Y acá el panorama se vuelve sombrío, ya que parte de los
estudiantes que siguen en la educación pública parecen poseídos por un
deseo de protagonismo destructivo que no hace presagiar nada bueno.
Hace
algunos días, el diario La Tercera publicó un artículo en el que se
daba cuenta que desde el 2006, año de la “revolución pingüina”, los
liceos emblemáticos han perdido cerca del 33% de su matrícula. Si bien
este fenómeno parece tener varias causas, tanto Carolina Tohá como Pablo
Zalaquett, ex alcaldes de Santiago y encargados de dichos liceos
coinciden en que las movilizaciones estudiantiles fueron un elemento
determinante para la baja en la matrícula. Después de todo, muchos
padres no quieren poner a sus hijos en establecimientos donde no irán a
clases, reina la violencia y existen personajes sobre ideologizados.
Hoy
la situación se ha exacerbado. Existe una serie de estudiantes
radicalizados que se han tomado dichos liceos. Hace poco, en el
Instituto Nacional, liceo de donde han salidos varios de los presidentes
de Chile, depusieron una toma por hechos de violencia que incluían el
lanzamiento de molotov dentro del liceo, quema de documentos y
uniformes, vandalización del hall central, salas y departamentos y una
barricada en el pasillo. Algo similar sucedió en el Instituto Nacional
Barros Arana, donde hace algunos días las clases fueron suspendidas
debido a graves incidentes al interior del recinto. Uno de los
denominadores comunes es la presencia de “overoles blancos”, la mayoría
estudiantes encapuchados que según Carabineros se encuentran vinculados a
grupos anarquistas.
Habría que ser muy ingenuo para creer que acá no hay adultos involucrados. De hecho, algunos de
los overoles blancos recientemente detenidos por Carabineros en el
contexto de manifestaciones eran adultos y algunos apoderados han
denunciado que esto ocurre con complicidad de otros apoderados e incluso
profesores del colegio. Y acá es donde viene el tema de la ideología.
Después de todo, lavarle la cabeza a un cabro de 15 años que está en
búsqueda de su identidad y sentido vital no es algo demasiado difícil.
Tampoco
es muy difícil ver que detrás de esto existen grupos que se benefician
de convencer a estudiantes de que son sujetos históricos, pertenecientes
a las clases oprimidas, que están luchando por una causa social, cuando
lo cierto es que están “luchando” por los miserables caprichos de
alguien más.
Volvamos
a hablar del futuro. Lo que probablemente no sabe ese cabro es que está
hipotecando el suyo y cuando ya no sirva como soldado juvenil será
abandonado porque en realidad nunca existió esa lucha romántica que
correspondía a cambios sociales supra humanos donde no había lugar o
simplemente no importaban las tragedias personales como las que pasarán a
engrosar él y sus compañeros.
Lo
más triste de todo es que esto ha sido tolerado por cierta clase
dirigente que ha hecho de todo para llegar al poder. La izquierda
‘progre’ ha convencido a toda una generación de que la política es una
lucha concluyente y definitiva donde todos tenemos un rol que jugar,
transformando el escenario político en un campo de batalla inhabitable. Y
acá poco importan las personas y sus tragedias. Entonces, a la cresta
la inflación que se come a los pobres; a la cresta la seguridad
ciudadana y la vida de los chilenos; y a la cresta los cabros sin futuro
de los liceos emblemáticos. Nosotros somos los elegidos y arreglaremos
el pastel una vez que lleguemos arriba.
A
este respecto, columnistas como Pablo Ortuzar y Joaquín Trujillo han
venido escribiendo acerca de cómo la elite que ahora dirige nuestro país
ha venido reventando todos los espacios en los que han participado con
tal de llegar al poder, incluidas federaciones
de estudiantes y el Congreso. ¿Tiene el estado de la educación pública
poder predictivo sobre el futuro del país? El tiempo dirá.