Por
más que se intente posicionar comunicacionalmente la salida Jackson del
Gobierno como un acto de sacrificio, la verdad es que el ex ministro
acumuló animadversiones a partir de su quehacer como político antes y
durante su paso por La Moneda, que lo mantenían en una constante
desaprobación ciudadana y del mundo político en forma transversal. Su
salida hace rato era una necesidad para la gestión del Presidente Boric.
Hay
que recordar que su relación con sus colegas en el Congreso nunca fue
buena, por ello sorprendió su llegada al Ministerio Secretaria General
de la Presidencia. Sin duda no era el más indicado para un gobierno que
tiene minoría en el parlamento y que requería con urgencia crear puentes
con la oposición y llegar a acuerdos para impulsar su programa. Su mala
gestión evidenció que evitaba reunirse con las bancadas de oposición,
incluso excluyendo parlamentarios independientes pro-gobierno (ejemplo
PPD). Mientras estuvo en la Segpres su tesis de relacionar y retrasar la
agenda y gestión legislativa del gobierno al éxito del proceso
constituyente llevó al Gobierno a la sensación de inacción y por ello a
una creciente desaprobación, que además arrastró a la derrota la opción
Apruebo. De igual forma, fue criticable la falta de intervención
política frente a la actitud poco dialogante y soberbia de los
constituyentes de Apruebo Dignidad, que finalmente terminaron
distanciando a la ciudadanía con la propuesta de nueva constitución.
Desde
lo político recordar que, tras la incorporación del Socialismo
Democrático al gobierno, Jackson no demoró en aclarar que existen
círculos de poder y por tanto de decisión en donde los partidos y
militantes de la ex concertación tendrían un rol periférico en el
gobierno (de invitados como en más de una ocasión también se calificó).
Un desprecio y una separación de roles que, sin duda, se asociaba a la
idea de superioridad de la cual siempre se ha jactado pero que, sin
embargo, no le impidió exigir en su momento un pacto por omisión en su
primera candidatura a diputado o instalar militantes RD en ministerios
de la presidenta Bachelet. En agosto de 2022 su soberbia y altanería lo
llevo a afirmar que su generación tenía superioridad moral frente a sus
antecesores, agravando la relación y convivencia entre las dos
coaliciones de gobierno. El ministro que debía buscar acuerdos, en la
práctica, insistía en enemistarse no sólo con la oposición sino además
con sus aliados oficialistas.
Su
paso por el ministerio de Desarrollo Social tampoco tuvo una labor
destacada y exenta de problemas. Su gestión no tuvo mayores logros ni
aciertos, excepto su rol en los incendios y la caída de la pobreza
documentada en la encuesta Casen. Sin embargo, una acusación
Constitucional, denuncias de presiones indebidas para favorecer
proyectos por parte de una seremi de la cartera, las fallidas
licitaciones de Mejor Niñez que retrasaron la gestión, y llegando al
escándalo de Democracia Viva y el robo de computadores y caja fuerte,
marcan su paso por Mideso.
El
problema para el gobierno es que las acciones de Jackson son
íntimamente ligadas, por la ciudadanía, con la figura presidencial. Toda
evaluación de Jackson salpicaba y manchaba la gestión presidencial,
haciendo que su permanencia en el gobierno se transformara en algo
insostenible, sólo justificada por la intima relación de amistad con el
presidente Boric. La posibilidad cierta que la segunda acusación
constitucional en contra de Jackson fuera aprobada, con votos alineados
de oposición y una parte de parlamentarios de centro izquierda,
colocaban al gobierno en una situación a lo menos complicada,
distrayendo y retrasando aún más la agenda. La salida de Jackson le da
al gobierno la posibilidad de ganar posiciones políticas y apuntar con
un dedo inquisitivo a la derecha con la finalidad de retomar una agenda
algo extraviada y detenida. Su salida era necesaria y se demoró
innecesariamente mucho.