Exigencia social para un Chile renovado

Cuando nada parece dar suficientes certezas sobre lo que nos depara el porvenir incluso cercano, suelen surgir voces que hablan de apocalipsis, otras sobre infundadas esperanzas. En la historia de la humanidad y en la de nuestro país, abundan los momentos en que estas voces se escucharon intentando modelar, con juicios y prejuicios, un futuro que culminó, casi como tragedia griega, en un eterno retorno a la caída épica de un personaje o a la destrucción de las características y atributos de un modelo específico de sociedad. En nuestra presente y resquebrajada realidad social que vive el Chile OCDE del Siglo XXI y siguiendo las palabras el Gran Maestro Sebastián Jans Pérez, “Hay una profunda exigencia social que quiere redibujar Chile con una pluma nueva, que otorgue nuevos colores a la comprensión de un país que tiene que ser más inclusivo y más justo”. Pensamos que esa justa exigencia moral no requiere ni de pensamientos apocalípticos ni de falsas esperanzas para enfrentar “el reproche ético que la sociedad mayoritariamente ha hecho a las élites”. Requiere de una mirada distinta, que confiera o restablezca si es que alguna vez la hubo, esa dignidad reclamada y que hemos soslayado inmersos en nuestras más o menos amplias zonas de confort. La manera como se avanza hacia este fundamental propósito, el de la dignidad social, está descansando en la posibilidad de que establezcamos un Pacto Social de orden Constituyente pero, como hemos sostenido antes, si no va acompañado de un nuevo Trato Social, puede constituirse en un ejemplo más del Eterno Retorno a los inicios de un camino que pocos quieren visitar nuevamente. En este nuevo trato social, se requiere no sólo velar por intereses propios sino que, sobretodo y en conjunto, defender activamente el de los demás. La Gran Logia de Chile sostiene que es clave, en momentos de cambios intensos y compartidos, considerar la contribución a la condición humana de los sublimes ideales de libertad, fraternidad, caridad, solidaridad e igualdad. Estos ideales, sin embargo, requieren además y de manera obligada, la presencia y la acción de una ciudadanía sensible, preocupada y participativa, que disminuya la posibilidad de lograr cambios y mejoras sustanciales en la calidad de vida, a través de mecanismos apoyados en la violencia y que abren las puertas a oprobiosos atentados a la libertad y a la conculcación de nuestros derechos humanos fundamentales. No se requiere de apocalipsis ni de promesas infundadas para avanzar hacia una sociedad funcional, articulada en torno al bien común y reafirmando el principio de libertad basado en igualdad de oportunidades y de participación en el ejercicio del poder. Para sentar las bases de un Chile renovado, es “imperativo implementar las condiciones cívicas necesarias para asumir un diálogo efectivo y creíble que permita mostrar una hoja de ruta sobre bases éticas en el ejercicio del poder y que neutralice la intensidad de los intereses de pequeños grupos que utilizan su posición privilegiada para imponer argumentos sociales y jurídicos en detrimento de las justas aspiraciones ciudadanas”.

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