Expertos

Tema
recurrente este. La palabra usada, archiusada, repetida hasta el
cansancio, pierde sentido, se licúa. Si al comienzo de su uso creía,
creíamos, tener claro su significado, con el intenso empleo de la misma,
por tan distintos referentes, en tan diversos ámbitos y, esta vez, de
tan diferentes orillas o bordes, su significado se deslía, se disuelve.
Eso sucede siempre; en este caso, también.

¿Qué
se entiende por experto? Es alguien ‘experimentado’, quien cuenta con
experiencia, conocimiento o quien es idóneo, conocedor de ciertas
materias. O si se quiere, quien es especialista, entendido, versado,
docto o competente en ciertas áreas del saber. Eso, más o menos.

¿Qué
sucede hoy con el uso de esta expresión? Que se mañosea no poco con
ella, algunos, con interés mezquino; otros, quizás más llano. Y ahí
asoma el debate.

Retomemos
el asunto, consensuémoslo o intentémoslo, al menos. Quedamos en que se
trata de un buen equilibrio entre experiencia y conocimiento, ni más ni
menos. La experiencia puede ser mucha, podríamos medirla cíclicamente, o
gradualmente, de menos a más, también. El conocimiento, el saber,
podemos comprobarlo de similar manera, con reconocimientos académicos,
con distinciones, laureles, premios, entre otras expresiones.

El
lío se arma cuando nos preguntan o nos preguntamos qué conocimiento o
saber vamos a medir, o comprobar. ¿La experiencia o el conocimiento en
qué área o áreas del saber? El arco de posibilidades puede ser amplio o
acotado.

Estimo
que no debería concentrarse en un área específico, del derecho
constitucional, solo; o en general, en el estudio o ejercicio del
derecho. Debiera considerarse otras áreas, de la educación, de las
artes, de las ciencias sociales, de las ciencias naturales, de la
planificación territorial, de las humanidades, de la filosofía, de las
ciencias de la comunicación y el lenguaje, del estudio del medio
ambiente, en fin, el arco no debe ser restrictivo, o monotemático.

Expertos
puede haber para dar y prestar, pero han de ser veinticuatro, ¡24!
¿Cómo llegar a ese guarismo? Criterios: ¿Algún rango etario preferente?
¿Debe procurarse un equilibrio en el espectro político? ¿Deben provenir
de la cota mil hacia arriba o del poniente? ¿Deben ser de la metrópoli
solo o de cualquier extremo del país? En fin, serán elegidos o
designados, de doce en doce, d
esde las cámaras legislativas.

Yo
creo que, ante todo, han de ser personas de bien, personas buenas o
buenas personas, pues hay tanto personaje, tanto personero, tanta
personalidad que asoma y desfila en tantos primeros planos o perfiles en
la prensa y, en ellos, no siempre atisbamos personas, seres humanos.
Para encontrar a la persona detrás de un personaje hay que hurgar
demasiado, lo mismo entre quienes se sienten personalidades o han sido
envestidos o creen ser personeros.

El rol que vale en estos expertos es el de persona.

Entonces,
yo añadiría al decreto, la siguiente disposición: “Procúrese en la
designación, que antes que expertos, sean ¡personas!”

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