Nadie
podría negar que las últimas semanas han estado marcadas por un
sinnúmero de voces que exigen empatía, pero que en el análisis del
discurso se puede evidenciar que de empatía no hay mucho. Cuando
permanentemente se critica con odiosidad la gestión de gobierno, cuando
solo hay afán de descalificar, desconocer y desestabilizar una
administración que se ha enfrentado a los hechos más complejos vividos
en décadas.
Sabemos
que, en tiempos de crisis, todos lo haríamos mejor si miramos la
realidad con perspectiva, pero cierto es que estando en medio del
problema la situación es muy distinta. Y aunque a veces la justificación
agrava la falta, también es necesario que la comunidad pueda evaluar
los discursos con toda la información en la mano y no solo con aquella
que busca resaltar las falencias, porque, dicho sea de paso, manipular
la realidad también es falta de empatía.
Sumado
a lo anterior, hay personas que, con toda desfachatez, lisa y
llanamente faltan a la verdad con el objetivo de ganar adherentes,
votos, sintonía y cuántos otros fines que no tienen nada que ver con las
necesidades expresadas por la ciudadanía, disfrazando de empatía los
intereses netamente personales.
Y
es así como nos vamos dando cuenta de que sin importar el tremendo
esfuerzo que pueda hacer el Gobierno para dar respuesta a las demandas
ciudadanas, hay quienes estarán siempre pendientes para abalanzarse en
medios o espacios de alcance popular, buscando la falla, el detalle o la
excepción para construir una realidad paralela.
Actualmente
estamos en medio de diversas dificultades que debemos enfrentar con las
herramientas disponibles, y hago hincapié en “herramientas
disponibles”, porque debemos actuar con sentido de urgencia, pero además
con sentido de realidad y no caer en la creencia de que las soluciones
son mágicas y a discreción de la creatividad de algunos.
Cuando
utilicemos el concepto de empatía, utilicémoslo con responsabilidad y
seamos consecuentes, porque no podemos jugar con las expectativas de las
familias ni disfrazar las rencillas políticas con falta de gestión.
Aceptemos la legitimidad de un gobierno que ha asumido la administración
del país gracias al voto ciudadano por cuatro años y colaboremos en el
manejo de una crisis nunca antes vista y que requiere de unidad para
poder afrontarla.
Si
no aceptamos la alternancia en el poder, si no podemos aceptar que en
democracia gana el que obtiene más votos, lejos vamos a estar de poder
empatizar con las reales necesidades de las personas y de las familias.
Hoy necesitamos soluciones y no permanentes críticas de gestión o
infinitas acusaciones constitucionales que no llegan a ningún puerto y
solo desvían la atención de lo que realmente importa. Necesitamos
propuestas viables y respeto por la democracia, elementos claves para
comenzar a hablar de la real empatía.
Dejemos
de manosear conceptos y enfoquemos las energías en el trabajo conjunto,
valorando los aciertos y mejorando los errores que sin lugar a dudas
existirán en un escenario adverso e incierto como el que estamos
viviendo.