Falta de respeto

La semana pasada, la ciudad de Punta Arenas con mucha alegría recibió su Plaza de Armas
arreglada, embellecida y remozada, después de varios meses en que la
misma se encontró cerrada por las reparaciones que se estaban
realizando, la misma plaza que es motivo de orgullo para la ciudad, la
misma que visitan los turistas con el objeto de sacar
se fotografías tocando
o besando el dedo del patagón del monumento que ocupa el centro del
referido bien nacional de uso público, el cual constituye un paseo
obligado para magallánicos y turistas, dotada de un mástil monumental,
en el que domingo a domingo, salvo en el espacio de tiempo en que estuvo
cerrada por reparaciones, se ha realizado por muchos años el izamiento
del pabellón nacional y posterior desfile militar de la rama de las
Fuerzas Armadas o de Orden y Seguridad a quien corresponda en la
respectiva semana, reforzando con ello la soberanía, orgullo y respeto
por estas tierras australes de manera patente.
Lamentablemente
no faltan los antisociales, faltos de criterio y descerebrados, a
quienes al parecer molesta que un bien nacional de uso público se
mantenga con plena belleza para el uso y disfrute de los habitantes de
la ciudad y de quienes la visitan, porque primero apareció un rayado,
porque no fue un grafiti como señaló parte de la prensa, sino un vulgar
rayado quebrando la estética del lugar de emplazamiento del mástil
monumental; y luego, otro indeseable, que seguramente no va a llegar a
Premio N
obel, que no encontró nada mejor que subir con su automóvil a hacer estupideces sobre la Plaza de Armas de la ciudad; este afortunadamente fue aprehendido por las fuerzas policiales. Se
trata de personas sin duda indolentes, a quienes nada le importa que
los bienes nacionales de uso público, que pertenecen a la nación toda,
puedan ser usados y disfrutados por toda la ciudad y sus visitantes,
porque su hedonismo, egocentrismo e indolencia
simplemente los hace ignorar a las demás personas, no les importa el resto de la gente;
por el contrario, desprecian que un jubilado pueda ir a sentarse en la
plaza a disfrutar del aire fresco, desprecian que una madre pueda
concurrir con sus hijos a jugar a la plaza, desprecian que la ciudad se
enorgullezca del monumento central que los turistas vienen de continuo a
visitar, desprecian que las personas puedan pasear tranquilas y
disfrutar de aquellos espacios que les son comunes y que como tales
pertenecen a todos y que por lo mismo todos pueden usar y disfrutar; y

eso sucede por la mala educación que se les ha dado, por la falta de
disciplina con que fueron criados, porque se trata de generaciones de
cristal que nada han hecho y que nada productivo son capaces de hacer,
porque nacieron recibiendo todo en bandeja, porque no conocen el
esfuerzo, como s
í
lo conocieron sus padres y abuelos que se partieron el lomo trabajando
para por una parte dar una vida mejor a las generaciones venideras, que
eso no lo valoran porque a ellos nada les ha costado; y, que por otro
lado orgullosos de su trabajo crearon y construyeron todo aquello que
hoy la gente puede disfrutar, incluyendo un mejor bienestar para las
familias, así como también obras materiales que son producto del trabajo
que las generaciones actuales son incapaces de hacer.
En definitiva, lamentablemente los hechos recientemente vividos en la recientemente remozada Plaza de Armas de la Ciudad
son el reflejo de la falta de respeto que tiene una generación de
ignorantes, por el esfuerzo y el trabajo de quienes les quisieron dar
una vida mejor y un mejor lugar para vivir y estar.

Más
lamentable lo constituye el hecho que aquellas personas que en algún
momento se ha erigido como líderes de opinión y los movimientos
políticos a los que ellos adscriben, durante mucho tiempo han
incentivado la falta de respeto, sea hacia las autoridades, hacia las
distintas instituciones, hacia el esfuerzo, el trabajo y las cosas
ajenas; y hoy, también siendo gobierno sufren las consecuencias, así es
como hemos visto ni más ni menos que al Presidente de la República hace
pocos días diciendo “
exijo
respeto”, pero el respeto lo perdió cuando la falta del mismo la
incentivó, cuando dijo que quería “mear” en un casco militar, cuando
pasó por debajo de las barreras del metro, cuando llamó a la
desobediencia civil y otras situaciones, olvidando que el respeto se
gana, se gana con consecuencia, con una vida ordenada, con un actuar
coherente, no pidiendo respeto cuando conviene y llamando a la falta de
respeto como método de acción política en contra de otros.

Sin
lugar a dudas hoy se requiere de un mayor respeto en todo sentido y en
todo ámbito, escolar, deportivo, cívico, doméstico, etc.; y

es tarea de todos trabajar en ello, lo que también llevará a recuperar
las confianzas en las personas, en las instituciones y a tener una mejor
relación entre personas y mejores lugares para vivir y compartir entre
todos.

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